miércoles, 29 de julio de 2015

Se fue antes de nacer...

Encontré el siguiente texto navegando en la red y lo publico porque muchas madres pasan o hemos pasado por esta experiencia, y verdaderamente no se encuentra una atención que permita paliar en alguna medida el dolor. Es importante que las instituciones despierten y vean esta realidad que pide muy poco: una atención fuera del servicio de maternidad (por un respeto mínimo al sentimiento y estado emocional de la paciente) y un personal con la mínima preparación para comunicarse de forma, al menos, no insultante.
Comparto la idea de que es una necesidad y por ello publico, solidariamente, el texto, con la consideración evidente de que es un testimonio, lo que significa que lo vivió quien lo escribió, y que muchas mujeres tal vez hayan pasado y pasen situaciones similares, aunque no en todo sus términos, pues muchas veces, cuando hay cerca personas con el corazón en su sitio, sean amigos o familiares, o profesionales de la salud, se cuidan mucho detalles del proceso mortuorio que permiten guardar luego un recuerdo menos traumático y doloroso.

"Sabias que, cuando muere tu hijo dentro de tu vientre la noticia te la da una ecografista y te dejan solos.
Sabias que no te dan la opción de elegir como querés entregar a tu hijo.
Sabias que luego de entregar a tu hijo muerto te vuelven a internar en maternidad. Escuchando el llanto de otros bebés y viendo la alegría de otros, mientras tu acabas de perder a tu hijo.
Sabias que no te explican, ni hay acompañamiento en el proceso natural que realiza el cuerpo de una mamá sin hijo.
Sabias que ponen a tu hijo muerto dentro de una caja de archivos.
Sabias que si no tenes plata para retirar a tu hijo con una cocheria, como aun para la medicina tu hijo es un feto, va a desecho patológico a la basura.
Sabias que tu hijo como nació muerto no tiene derecho a tener nombre y apellido, es un N.N.
Sabias que el certificado de defunción de tu hijo, esta a nombre de su mamá.
Sabias que después del alta no hay seguimiento médico.
Sabias que en el caso de las obras sociales, no cubren determinados estudios, ni cocheria.
Sabias que no hay legislación en ninguna parte del mundo.
Sabias que no hay concientización en la sociedad, que de los bebés que mueren en el vientre materno nadie habla.
Sabias que se minimiza la pérdida.
Sabias que casi no hay médicos estudiando las causas y los porque de la muerte en el vientre materno porque estas muertes no se registran.
Sabías que son millones de bebés los que mueren cada año en el mundo dejando a millones de familias desoladas.
Sabías que son mayores las cifras de muerte intrauterina que las de HIV y Malaria juntas.
Sabías que los efectos psicológicos de la muerte por la muerte de un hijo y sobre todo cuando ese duelo es silencioso pueden durar décadas en los padres".

Escrito por Johanna Piferrer
Extraído de Era en Abril,(Pag. Oficial ( https://www.facebook.com/FundEraenAbril )

Sé que es muy triste leer algo así, pero es parte de la realidad por la que muchos padres pasan en algún momento de su vida, y entenderlo con toda su crudeza puede servir para poder ayudar y darles soporte emocional.

sábado, 18 de julio de 2015

Siempre estarán ahí...

Muchas veces la música  me ha acompañado en largas sesiones  de llanto lento y continuo, en las que el dolor se abría paso y salía al exterior como un reclamo ante lo irremediable... como si el alma se lavara de tanto sufrir... 
Creo en el poder curativo de llorar si luego miramos el mundo con los ojos de quien acepta la realidad, por más dolorosa que resulte. A veces luego podemos enfrentar la vida con un poquito más de fuerza.
Creo que perder a un hijo es de las cosas más difíciles que una persona debe superar, pero ayuda mucho recordar que no hay una separación si lo llevas siempre en tu corazón.
La canción que les dejo, interpretada por Barry Manilow (no sé si él es su autor), habla de eso, de cómo a veces es tan difícil que los demás nos entiendan cuando la pena nos carcome el corazón, porque no saben que para nosotros, los que partieron ... están siempre ahí.
Les dejo el video, y la letra (en inglés y, más abajo, en español).

Un abrazo,

Luzma



You´re there

My friends all use the past tense when they speak of you
And so to make them comfortable I use it too
They'd soon have me committed if they only knew
What I believe with all my heart is true.

I know you're there
Although it's nothing I can prove
I know you're there
By just the way the shadows move
And though I said goodbye and finally let you go
I know you're there
Although I don't know how I know

I know you see
The crazy things I sometimes do
They make you laugh
So I still do them just for you
And when I'm entertaining all the friends I love
I know you see
And that you're laughing from above.

You needn't panic
I'm not consulting any guru
Calling psychics
Or practicing with voodoo
I'm not manic or depressive
I just miss you.

So I'll go on
Enjoying every lovely day
Because I'm sure
You would've wanted it that way
And when there's sorrow it's no more than I can bear
Because you are, and always were, and always will be... there.

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Mis amigos todos usan el tiempo pasado cuando hablan de ti,
y así, para que se sientan cómodos, lo uso yo también.
Ellos me tendrían más comprometido si tan sólo supieran
lo que yo creo con todo mi corazón que es verdad.

Sé que estás ahí,
aunque no lo pueda probar.
Sé que estás ahí,
por sólo la forma en que las sombras se mueven.
Y aunque me despedí y finalmente te dejé ir,
sé que estás ahí,
aunque no sé cómo lo sé.

Sé que tú ves las cosas locas a veces hago,
ellas te hacen reír,
por eso las hago sólo para ti.
Y cuando estoy entreteniendo a todos los amigos que amo
sé que tú lo ves y estás riendo desde lo alto

No necesitas entrar en pánico,
no estoy consultando a ningún gurú,
llamando a psíquicos o practicando vudú.
No estoy maníaco o depresivo,
simplemente te extraño.

Así que voy a continuar
disfrutando cada hermoso día,
porque estoy seguro de que lo hubieras querido así.
Y cuando el dolor  es más de lo que puedo soportar
es porque  tú estás,  siempre estuviste,  y siempre estarás... ahí.

miércoles, 24 de junio de 2015

Algunas claves para lidiar con el duelo

El siguiente es el texto de un artículo publicado por Tais Pérez, psicóloga española, en su blog "Conectando Neuronas" (http://taispd.com/claves-para-lidiar-con-el-duelo/). Aunque está dirigido a quienes han sufrido una pérdida, en general, no a padres en especial, igual me parece válido y lo comparto aquí para ustedes esperando les ayude a avanzar en el camino.

Uno de los mayores temores que tenemos es perder a un ser querido. Perder a nuestros padres cuando somos niños, perder a nuestros hijos cuando los tenemos.
El duelo es una crisis vital que tambalea todo nuestro entorno. Lo cambia absolutamente todo. Lidiar con la ausencia y aprender a vivir sin ellos parece imposible.
Perdí a mis padres siendo una adolescente. Primero mi padre y un mes más tarde mi madre. Casualidades aterradoramente injustas. Sufrí mucho. Lloré. Me enfadé con el mundo. Y sentí que jamás lo superaría.
Mi vida cambió radicalmente. Desde la casa dónde vivía, hasta los valores que tenía. Dejé de ver el mundo como lo veía. Ya no me importaban las mismas cosas. Tuve que reordenar todos mis esquemas vitales y plantearme cómo quería vivir mi vida a partir de ese momento.
Me encerré a estudiar y me enfoqué en mi carrera profesional. Esto me ayudó a distraerme. Busca actividades que mantengan tu foco atencional alejado de la tristeza. Céntrate en lo que te apasiona. El paso del tiempo te permitirá recuperarte de la pérdida. Lloré muchísimo en aquella época. Estaba tremendamente convencida de que no volvería a ser feliz nunca. Perder a mi padre supuso para mi dejar de estar cerca de la persona más importante de mi vida. Y papápuede que de la persona más inteligente y culta que haya conocido jamás. De él aprendí lo importante que es aceptar lo que pasa, da igual lo que sea. Esto me ayudó paradójicamente a aceptar su ausencia. De él heredé la paciencia que me forzó a vivir con tranquilidad todo el sufrimiento que me dejó cuando nos despedimos. Me regaló la habilidad de escuchar a los demás. Recoger los consejos que me regalan me ha ayudado a crecer y aprender de toda persona con la que tengo oportunidad de hablar. También me dejó la pasión por Pink Floyd y Los Beatles. Y tengo la suerte de poder recordarlo cada vez que los escucho.
El dolor que recuerdo de aquella época se mezcla con el amor que me dieron muchas personas que me acompañaron ese tiempo. Acepta tu tristeza, tu enfado. Acepta tus sentimientos. Es algo inevitable. Luchar contra ello solo lo hará más difícil.
Escribe sobre lo que sientes, te ayudará a madurar lo que va sucediendo. Mi madre me enseñó lo importante que es leer. Ella me enseñó a escribirla y recordarla cuando la leo. Me dejó recetas, me regaló la habilidad de cocinar, la pasión por el vino y el “buen” comer.
En aquella época intentaba no estar sola, tal vez para estudiar y poco más. Rodearme de personas que me querían, amigos que me ayudaban a reír de nuevo, familiares que los recordaban conmigo, me ayudó a que el paso del tiempo fuera algo menos duro. El apoyo social es fundamental. Hablar de lo que ha pasado de forma natural. Y que la gente que te escucha no sienta pena, si no que te ayude a salir adelante. Busca a esas personas.
Apasionarme por lo que estudiaba y centrar todos mis esfuerzos en crecer profesionalmente me hizo y me hace feliz. Darme cuenta que conseguía lo que me proponía me reconfortaba. Redefine tus objetivos vitales. Y cúmplelos. La satisfacción personal de lograrlos es increíble.
La muerte de mis padres ha sido la crisis vital más importante de mi vida. Me ha hecho una persona tremendamente resiliente. Aprende a serlo porque puede que sea la habilidad más importante para vivir.
La empatía que desarrollas cuando vives una situación traumática te hace estar más cerca del dolor ajeno. Aprovéchalo. Convierte tu experiencia en algo que sirva a otras personas. Ayudar a los demás a superar su propio sufrimiento da sentido a tu propio dolor y te ayudará a fortalecerte.
La muerte de tus padres es algo que no se supera nunca, pero te aseguro que es algo con lo que se aprende a vivir. Su ausencia ya no te dolerá de la misma manera y serás capaz de mirar atrás y sonreír sintiéndote agradecido de haberlos tenido.
Te prometo que volverás a vivir tu vida con pasión. Que volverás a ser feliz. Muy feliz.
Y si no puedes solo, pide ayuda. La ayuda psicológica te ayudará a lidiar con la pena y aceptar la pérdida.

domingo, 14 de junio de 2015

La esperanza ante la muerte

Cada visitante de este blog vive con una historia diferente y muy particular. Cada una atraviesa su situación de dolor y pérdida de distinto modo, pero en general hay dos grupos: los que creen que hay un mañana en que volverán a encontrarse con sus seres amados, y se reaniman un tanto para poder reinsertarse a la vida, y quienes se quedan únicamente con la sensación de perdida y de ausencia y se resisten al consuelo, lo que les dificulta tremendamente la recuperación.
Ante esa situación, me pregunto: ¿si todos pudieran saber que la partida de sus hijos fue una experiencia dulce y llena de paz, no hallarían un consuelo para su sufrimiento que les permitiera recobrar el deseo de vivir?
Yo suelo compartir mi vivencia y lo que ella me enseñó, sin embargo hoy deseo brindarles un testimonio sumamente esperanzador, basado en un artículo, por demás interesante, que trata de temas ya expuestos antes y siempre controversiales: la vida y la muerte. Al final todo se reduce a una decisión y una actitud de fe: querer creer o no, pero la evidencia es algo a considerar.
Si bien es una opción totalmente personal, y aquí no trato de convencer a nadie, comparto esta información, con datos científicos y experiencias diversas, para quienes desean creer y encontrar consuelo en su dolor.
(El texto original está en: http://www.guioteca.com/fenomenos-paranormales/elizabeth-kubler-ross-la-connotada-cientifica-que-confirmo-que-si-existe-el-mas-alla/)

La experiencia del más allá
La Dra. Elizabeth Kübler-Ross es una médico y psiquiatra suizo-estadounidense con libros publicados y 23 doctorados honoríficos, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos, así como pionera en el campo de investigación de las experiencias cercanas a la muerte, siendo reconocida como una autoridad en la materia dado que recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo”.
Su extraordinaria formación científica en temas de fallecimiento y supervivencia a procedimientos de resucitamiento, la llevó a investigar por muchos años, estando en contacto con la experiencia de miles de enfermos moribundos que le relataron increíbles experiencias paranormales. Sus estudios no tuvieron límites de raza, credo, sexo o  edad, que habían sido declaradas clínicamente muertas y que fueron llamadas de nuevo a la vida.
Cuando murió en el 2004 pudo dar fe de aquello en lo que creía firmemente por todo lo aprendido en su vida profesional, y murió con valentía y confianza, pidiendo que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada. De hecho, us palabras sobre su propia partida fueron de confianza absoluta: "No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.
Sus conclusiones sostienen que mucha gente abandona su cuerpo en el transcurso de una reanimación o una intervención quirúrgica y observan lo que sucede, mientras se encuentran en un estado de paz absoluta. La doctora Kübler-Ross afirma haber investigado casos de pacientes que estuvieron clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. "Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos. Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.
Otro aspecto importante y recurrente es la sensación de amor y paz profunda que reportaron todos sus entrevistados, cerca o lejos del momento de su experiencia. "No hay palabras para describirlo", sostuvo la Dra. Kübler-Ross. "Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. De cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, ellos se daban cuenta por primera vez de lo que hubieran podido ser. Vivían la comprensión sin juicio, un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se daban cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una. Y allí se alcanzaba el conocimiento".
Finalmente, y luego de muchos años de investigación, le quedó muy claro e inobjetable el hecho de que la muerte, como la conocemos, en el sentido de un final, no existe. Es sólo una transición a otro estado de vida más pleno que el actual.
Y por ese motivo comprendía que sus pacientes, luego de esas experiencias, no tuvieran luego miedo de morir. "Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento. Otro caso que resulta impresionante es el de un niño moribundo que le dijo: «Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya.» Yo ya sabía que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, acababa de fallecer 10 minutos antes”.
(Puedes ver el texto original en: http://www.guioteca.com/fenomenos-paranormales/elizabeth-kubler-ross-la-connotada-cientifica-que-confirmo-que-si-existe-el-mas-alla/)

La decisión es nuestra
Cuando el dolor de la pérdida no nos deja vivir ni avanzar, cuando nos impide relacionarnos nuevamente con los demás o poder ponernos nuevamente al servicio de aquellos que nos necesitan, cuando la pena elimina en nuestro interior el deseo de disfrutar la vida nuevamente, la herida nunca sana, y lastima de forma permanente a los sobrevivientes. En esos casos es bueno poder reenfocar la situación, comprendiendo los hechos dentro de una perspectiva de vida más amplio que nuestra pena y desolación.
Tengo fe en que el amor es más grande que nosotros y eso es lo maravilloso de la vida, por eso creo que la idea de que la muerte es sólo una transición a una existencia más dichosa, no debe ser sólo un consuelo por lo pasado con quienes partieron antes que nosotros, sino una esperanza para nosotros mismos, que llegaremos a ese día en algún momento. Y yo no sólo creo en otra vida tras de ésta, sino que confío en ello, y es lo que le da esperanza a mi vida, luego de perder a mi hija. Y no como una respuesta a noticias de psíquicos o mediums, sino como una actitud que responde a la promesa que Jesús nos dejó: "Más ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados". (1 Corintios 15, 20-22) .
Finalizaré esta entrega copiado un pensamiento de Maurice Maeterlinck: "La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada; la esperanza sobre lo que no sabemos, que es todo".
Sin embargo, este espacio no es mío, es de ustedes, y por ello comparto estas ideas, pero serán ustedes quienes decidan qué creer, qué hacer y qué querer.

Nota: Para quienes estén interesados, estos son algunos de sus libros publicados en español:
  • Sobre la muerte y los moribundos. Grijalbo. 1993. ISBN 978-84-253-2445-1.
  • Una luz que se apaga. Editorial Pax México. 2005. ISBN 9789688600313.
  • La muerte: un amanecer. Grupo Planeta Spain. 2011. ISBN 9788492545605.
  • Conferencias: morir es de vital importancia. Luciérnaga. 1996. ISBN 9788487232848.
  • Los niños y la muerte. Luciérnaga. 1992. ISBN 9788487232336.

martes, 9 de junio de 2015

Cinco años caminando juntos

Ayer se cumplieron cinco años desde el día en que iniciamos este Blog, "Sobreviviendo a nuestros hijos", con mucha incertidumbre de lo que podría resultar y si serviría de algo a alguien, pero con gran esperanza de poder contribuir en alguna medida, sabiendo lo que pasan quienes en algún momento viven lo que vivimos un día mi esposo y yo.

Cinco años después nos sentimos impresionados con el volumen de visitas y la cantidad de personas que, en su proceso de luto, han encontrado en este espacio una posibilidad de ser escuchados y comprendidos, lo que esperamos sea, o haya sido, una ayuda en su proceso de superar la terrible experiencia de perder a un hijo y empezar a sanar las profundas heridas que deja su vacío.

Aquí seguimos, escuchándolos, sintiendo su pena y su angustia, comprendiendo sus dudas y decepciones, pero también tratando compartir un poco de nuestra experiencia para que cada uno de ustedes pueda aprender algo que le haga más llevadero el camino, de por sí difícil y solitario, de sobrevivir a un hijo.

Este espacio ha crecido gracias a la participación de cada padre y cada madre que ha ingresado y decidió compartir su pena y su vivencia. Gracias por hacerlo. Entre todos nos podemos ayudar, y creo que eso nos ayuda a caminar pasito a paso y comenzar en algún momento a dejar de sobrevivir y empezar a vivir. Estoy segura de que eso provoca muchas sonrisas en el cielo.

Un abrazo,

Luzma

martes, 3 de marzo de 2015

La liberación del perdón

Cuando se pierde a un ser querido, el dolor se centra en la ausencia, en el terrible dilema que nos impone la separación definitiva y la imposibilidad de realizar los sueños que se quedan para siempre en el tintero. Nunca más... es lo más terrible que debemos aceptar.
Sin embargo, muchas familias se ven divididas, a veces de forma irremediable, porque al dolor de la muerte se une el de un rencor, un odio, pues consideramos que tal o cual persona tuvo responsabilidad directa o indirecta y es algo que no vamos a perdonarle jamás. Entonces alimentamos ese sentimiento negativo en nuestro interior y lo mantenemos vivo para que nos recuerde que debemos permanecer odiando o sintiendo rencor hacia aquel al que, pase lo que pase, no queremos perdonar, pues lo consideramos causante o responsable de lo sucedido. A la pérdida se suma el rencor por lo que el otro hizo o dejo de hacer, y día a día nos convencemos de que el otro debe pagar (aunque nada podrá jamás resarcirnos por ello (no es cierto?) y vamos por el mundo cargando nuestra pena y el rencor que alimentamos asociado a ella. Personas en esa situación jamás lograrán superar su pena ni volver a la vida.
Y es que lo que sucede con el odio y el rencor es muy particular: va matando lentamente a quien lo siente, sin que nadie pueda evitarlo. Como dice Buda: "Guardar rencor es como tomar veneno y esperar que el otro muera". Por mucho que desees que el otro reconozca su error para que tú puedas recobrar la paz interior, eso no sucederá.
El mantener vivo un dolor, una ofensa, un resentimiento es algo que nos amarra al pasado y nos hace cargar algo muy pesado, que se hace más pesado cada día, que nos hace lentos, nos hiere como si hubiera sido ayer y afecta nuestra relación con el entorno (con los que nos rodean, con la vida en general).  Nos encadena a una idea fantasiosa: "cuando él o ella haga esto, recién podré estar en paz". Pero eso es totalmente falso. Nada de lo que haga te hará recuperar la paz si tú no has decidido ir por ella.
No pretendo que por un post las personas vean la luz y decidan acabar con resentimientos antiguos o abrir su corazón al perdón, pero sí quisiera sembrar la idea, desde la propia experiencia.
Hace unos días participé de un taller llamado ESPERE (Escuelas del Perdón y la Reconciliación), una organización que nació en Colombia y ahora está en muchos países, y ha llegado hasta Uganda, en el África, y fue una experiencia maravillosa. He abierto un nuevo capítulo en mi vida, dejando atrás una pena de la que ni siquiera era consciente y que venía arrastrando desde mi niñez.
Hoy puedo decir con total seguridad y convicción que perdonar es recuperar la libertad del espíritu y encontrar un camino a la plenitud personal. Sé que eso no le interesa mucho a quienes aún sufren el dolor terrible de haber perdido a un hijo, pero si a ese dolor se ha asociado a un rencor obsesivo que afecta y daña a la persona, más que la pena misma, mi deseo más profundo es que pueda hacer algo al respecto que le devuelva la salud interior.
Nunca dejaremos de llevar un dolor en el corazón, pero el rencor no debe compartir ese espacio sagrado.

martes, 23 de diciembre de 2014

Amor y Esperanza en Navidad

A todos los padres y madres que visitan este espacio en busca de consuelo y comprensión, un abrazo fuerte y cálido, más allá de los nombres o los rostros, un abrazo que se nutra del amor fraterno, ese que conocemos los que sabemos qué es el dolor de perder a un hijo.
Mañana una gran parte de la humanidad celebrará la fiesta de Navidad entre algarabía y regalos, pero para muchos será un momento de confusión y sentimientos encontrados.
Deseo fervientemente que puedan sentirse en paz y comprendan que aunque no todos puedan entender su sentir, muchos otros sí lo hacemos, porque hemos estado antes en el mismo lugar en el que ustedes están hoy.
Que la esperanza se abra paso en su corazón y les recuerde que el amor es lo más importante, ese amor que no sabe de fronteras ni distancias. Ese amor que se mantiene, no importa lo que suceda, y hace que ustedes sigan siendo padres, y ellos sigan siendo sus hijos.

martes, 30 de septiembre de 2014

Mi hijo se suicidó...

La mayoría de visitantes de este blog han perdido a un hijo pequeño, muchas veces un bebé, aunque también hay los que comparten la pena de haber perdido a un hijo mayor. Sin embargo, creo que nada se compara a ser padre o madre de alguien que tomó su propia vida y acabó con ella. Pensando en ellos escribo esta nota, que puede ser útil para todos, pues antes de su fatal determinación, quienes terminaron con su vida caminaron por la calle y por su casa, lucían como cualquier vecino, y nadie pudo imaginar que pensaban terminar de la forma como lo hicieron, sumiendo a sus seres queridos en una desolación muy difícil de superar.

No es un hecho único o extraño
Una de las secuelas de estas muertes queda con los sobrevivientes, padres y familiares en generales, que suelen pensar ¿por qué no lo vi? ¿Cómo no hice nada para impedir algo así? Y el sentimiento de culpa se instala en su alma para vivir ahí por largo tiempo, sintiéndose más solos que nadie, incomprendidos, y sin posibilidad alguna de consuelo ante una realidad que nunca terminan de entender.
Sin embargo, la información disponible apunta a que estamos ante un fenómeno mayor de lo que muchos pensaríamos.  Según cifras publicadas el suicidio de jóvenes entre 15 y 24 años ha crecido más de un 300% desde 1950, y sólo en los Estados Unidos se producen cerca de 35.000 suicidios por año, de los cuales 5,000 corresponden a jóvenes entre 15 y 24 años. 
En Argentina, hace 25 años de cada 10 suicidas, uno era menor de 18 años, pero ya en 1993 es uno de cada cuatro (http://gruporenacer.wordpress.com/2010/01/29/apoyo-para-sobrevivir-cuando-tu-hijo-se-ha-suicidado/). En España, según un artículo de Sergio García Morilla,  http://taispd.com/suicidiofalsascreencias/, el suicidio ocupa el primer lugar de muerte no natural (más de 3.500 suicidios en el 2012, el  77%  hombres), duplicando a las muertes por accidentes de tráfico y superando en 70 veces las de violencia doméstica, lo que es tremendamente alarmante, pero como ven, le pasa a muchas, muchas familias.

Muchas causas, algunas sin rastro
Otro de los aspectos que señala este artículo, es que si bien las personas con depresión severa tienen una tendencia al suicidio mucho mayor, no todos padecen este mal, y se indica que “más del 40% de las personas que se suicidan no cumplen los criterios diagnósticos de depresión mayor, y presentan otros problemas distintos”, como pueden ser la crisis de ansiedad, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos alimenticios como la anorexia, entre otros. 
Es importante comprender que el suicida no es un loco, es una persona que de forma permanente o temporal, posee una perspectiva de la vida y del mundo tan diferente, que el pensamiento del suicidio puede llegar a ser un consuelo que calma su angustia, como lo afirmaba Nietzsche. También Arthur  Shopenhauer decía que "el suicidio, lejos de negar la voluntad, la afirma enérgicamente. Pues la negación no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece".
Según un estudio, “alrededor del 10% de las personas que se suicidan no tienen ningún trastorno mental diagnosticable”, lo que fortalece la idea de que hay algunas personas que, sin trastorno psicológico ninguno, deciden poner fin a su vida por alguna razón totalmente conciente y legítima.  La reciente partida del conocido actor Robin Williams parece ser un recordatorio de que hay personas que optan por salidas impensables para los demás.

¿Y el consuelo de la fe?
Ante esto, el tema religioso puede influir mucho en la forma como los familiares puedan sobrevivir esta tragedia, ayudándolos a llevar su carga o aumentándola, para su mal. Aún muchas personas siguen a pie juntillas lo que dicen documentos de décadas atrás, sin mirar a la cara los problemas de este siglo. Según http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/la-culpa-de-un-suicida-puede-ser-atenuada-por-la-depresion-5799541567651840, el padre Maurizio Faggioni, profesor de Teología moral y de bioética en la Academia Alfonsiana de Roma,  considera que “desde un punto de vista objetivo, quitarse la vida es siempre un acto irracional, un acto de autodestrucción, irracional, inmoral”. Personalmente, creo que es extremadamente excesivo pretender conocer y poder juzgar qué anidaba en la mente y en el corazón de una persona que toma una decisión tan radical. Creo que nadie puede determinarlo y eso es una realidad. Por otro lado, no me parece una mirada de amor condenar de ese modo a quien, en el colmo de su desaliento, miedo, ignorancia, soledad, terror, o simplemente profundo dolor, recurre a algo que va en contra del mayor de los instintos propios de todo ser humano: el conservar la vida.
Sí, el suicida reniega de la vida que recibió de su Creador, pero… ¿acaso todo soldado no elimina la vida de otro ser humano, lo que es un mal mayor? Claro, es que lo hace mientras porta un uniforme y actúa bajo orden de su Estado, y eso está justificado ante el mundo y, aparentemente, eso lo exculpa ante Dios. ¿Es posible semejante incongruencia?
Es necesario revisar los criterios religiosos ante el drama profundo de espíritus atormentados que buscan la liberación de la muerte, pero que al alcanzarla condenan a los suyos a cargar cruces que no terminan nunca de comprender. Muchas veces las Iglesias se muestran más severas que el Dios que proclaman, y condenan a los demás con una radicalidad que nuestro Padre no ha de ver con buenos ojos. Cuando una persona es creyente, y pierde a un ser querido por su propia decisión, puede ser conveniente que busque el soporte espiritual que le brinde consuelo, pero teniendo buen cuidado de que sea alguien que no desee juzgar -ni al suicida ni a los familiares – y por el contrario, piense en acompañar en el dolor y brindar comprensión y amor.


Palabras finales
No sé lo que es perder a un familiar que acaba con su propia vida, lo reconozco, pero entiendo que debe ser algo terrible, una verdadera tragedia. Por eso mi corazón está con esos padres y madres, con esos hermanos que se quedan no sólo con el corazón destrozado, sino con el alma rota, llena de preguntas sin respuesta y una sensación absoluta de impotencia y frustración.  Con ellos sólo puedo compartir el pensamiento del Papa Francisco, quien con su característica sencillez y compasión, comparte, luego de designar que este mes de Octubre la intención general de su oración  será que “quienes se sienten agobiados hasta el extremo de desear el fin de su vida, adviertan la cercanía amorosa de Dios”.
Así sea. 

viernes, 4 de julio de 2014

El lazo no se corta jamás

Encontré esto navegando por la red. Una versión se lo adjudica a San Agustín de Hipona, pero me inclino más a considerarlo de Charles Péguy, (1873-1914), filósofo, escritor, poeta y ensayista francés, que aparece como autor en otros sitios visitados.
Creo que es un hermoso texto que puede ayudarnos, en medio del dolor más profundo, a encontrar un poco de esperanza y de paz. Estoy completamente segura de que si nuestros hijos pudieran hablarnos, desde donde quiera que estén, esto es lo que nos dirían:


lunes, 5 de mayo de 2014

Dolor y amor en el Día de la Madre

Un nuevo Día de la Madre se acerca, y aunque debo reconocer que mi vida ha reencontrado su curso y ya puedo disfrutar de la alegría de estas fechas, sin que por ello dejen de tener una cuota de tristeza, pienso en todas las madres que han perdido un hijo(a), especialmente si lo han hecho recientemente, pues aún estarán caminando en esa neblina absoluta, sin ver nada ni a nadie, sin saber siquiera dónde estás, sólo  sintiendo ese vacío tremendo que te destroza el corazón.
Sólo quisiera decirle a quienes se sientan así, que es normal, que no están mal por sentir que se hunden en un pozo negro y sin fin. Todo es parte de un proceso de separación lento y doloroso, que parece más difícil cuánto más se amó, y es una nueva forma de vivir que requiere toneladas de valor y coraje.
Esta vez me limitaré a resaltar cinco cosas que he escrito de seguro en alguno de los post de este espacio que existe para ustedes:
  1. Aunque tu hijo(a) no esté contigo, sigues siendo su madre.  Entiéndelo y asúmelo como parte de tu vida. Saberlo no eliminará la pena ni el dolor pero puede ayudarte a encontrar un nuevo sentido a tu vida: aprender a ser la madre de un hijo(a) aunque no lo veas o no esté a tu lado. 
  2. Generar sentimientos de culpa o rencor no es parte del amor. Muchas situaciones pasan por temas médicos o de circunstancias en que no hubo un “control” que impidiera el suceso. Como fuera que sucedió, el rencor contra uno mismo o contra otra persona no revivirá a nuestros hijos, pero sí puede llenar con ira o con sentimiento de culpa un espacio que debe ser únicamente para el amor.  Es necesario perdonarse y perdonar, y sólo así empezaremos  a sanar y podremos amar a nuestros hijos que no están como debemos amarnos a nosotros y los demás. 
  3. Cada uno tiene un proceso distinto y un tiempo distinto.  Vivir cada día después del dolor tan desgarrador que significa la pérdida de un hijo es una de las tareas más difíciles que tiene por delante un ser humano y no existe un “tiempo” que se pueda considerar adecuado para “volver a la normalidad”… ni siquiera sabemos cómo seremos luego de una experiencia así. La mayoría cambiamos en alguna medida, y hay que crear una nueva “normalidad”, por eso es importante no desesperarse, tratar de pasar las etapas de duelo en la medida en que sea posible, con calma y sin reprimirse. Hay que llorar, gritar, dormir… lo que cada madre considere necesario para su salud mental y su capacidad de supervivencia. (Yo caminaba como demente… eso me ayudó mucho a no alocarme y gastar de una forma sana esa energía espantosa que te da el dolor y que no sabes cómo procesar).  Llorar, aislarse, renegar, deprimirse son maneras en que nuestro ser reacciona… y son procesos válidos que en un momento dado nos permitirán superar la experiencia y comenzar a vivir de nuevo. 
  4. Ten presente que la muerte es también un nuevo nacimiento. Tu hija(o) está naciendo a otra vida y así también tú puedes iniciar una nueva en la que el dolor, la frustración y la angustia en un momento empiecen a dar paso a la vida,  dándonos una fuerza inesperada y la capacidad de ser mejores, más humanos, más comprensivos.  No creo en anidar en el sufrimiento como si fuera el hijo perdido, en quedarnos ahí de forma persistente (y masoquista) pues eso es dañino y no tiene ningún sentido ni nos ayuda en modo alguno.  Creo positivamente que ninguno de nuestros hijos quisiera vernos sufrir sin consuelo con el corazón destrozado. El amor que sentimos por ellos debe ser el motor que nos impulse a ser los padres y madres que nuestros hijos amaron (y aman, donde quiera que estén).
  5. Si necesitas ayuda... ¡recibirla estará bien!  Es cierto que la mayoría de personas no ha pasado lo
    que tú y no te entenderá del todo, pero a veces nuestra mente se “estaciona” en algunos procesos y no nos permite avanzar con la ley de la vida, que es la sanación, más aún si hay familia que sufre por tu causa. Un terapeuta,  un sacerdote o un consejero puede serte de mucha ayuda para encontrar un camino adecuado a tu vivencia en particular. Si crees que alguna persona en especial te es difícil de sobrellevar por su estilo o por las cosas que te dice.. evítala ¡y no te sientas mal por ello!  Recuerda que la idea no es sobrevivir sino volver a vivir… que al fin y al cabo debe ser lo que nuestros hijos desean para nosotros.. ¿no crees? pero eso requiere mucho, mucho, mucho valor y determinación. leí el otro día una imagen en la red que decía: "Lo más valiente que he hecho en mi vida fue seguir viviendo cuando quería morir".  Y es cierto. vamos.. ¡a ser valientes!

lunes, 24 de marzo de 2014

Víctima de la Enfermedades Raras: Micaela, un testimonio de amor

El día de hoy una comunidad de familiares y amigos se reunió para despedir a una hermosa bebé de casi 11 meses, Micaela,  una pequeña guerrera cuyo frágil cuerpecito ya no pudo seguir la lucha frente a la Enfermedad de Alexander que la aquejó desde muy temprano y que hizo que su vida y la de su familia cambiara de forma radical, iniciando un camino de amor y solidaridad que ha impactado la vida de muchas personas.
La vida de Karla parecía completa con sus dos hijos mayores, y el tercero, de su segundo matrimonio, sin embargo, cuando salió embarazada por cuarta vez la ilusión de la esperada mujercita revivió con intensidad y lleno de ilusión su espera. Y su ilusión se hizo realidad, con una bella criatura que nació para su alegría y la de su familia... hasta que a los dos meses de edad la enfermedad comenzó a deteriorar la salud de la pequeña sin que pudiera encontrar una respuesta.
Desde entonces la lucha fue incesante, pues cuando por fin los médicos pudieron brindarle un diagnóstico, descubrió que el mal que aquejaba a Micaela era una de las conocidas como "enfermedades raras", porque las padecen muy pocas personas en el mundo, y por la misma razón no encuentran especialistas, tratamiento o investigación que los ayude, teniendo que sumar a su sufrimiento el desconocimiento y la soledad. De hecho, Micaela ha sido la primera paciente con la enfermedad de Alexander en el Perú, y una de las sólo 38 que lo padecen actualmente en el mundo.
Cuando Karla supo que su niña sufría esta enfermedad, pasó por muchas etapas de dolor y frustración, pero en un momento comprendió que de alguna manera estaba en ese camino... por alguna razón. Y con fe y fortaleza, decidió superar su frustración y tratar de hacer algo. "Yo miraba a la gente por la ventana ir y venir, hacer sus cosas normales y sentía que ya no podía engancharme de nuevo con esa vida que tuve un día, porque a a partir del diagnóstico de mi hija fue todo diferente. Siento que tal vez ha sido necesario para poder trascender, he tenido que pagar una factura muy cara, la enfermedad de mi hija, pero hoy lo acepto", dice con serenidad.
Desde entonces investigó y encontró que aunque en el Perú no se conocen, en otros países, como España, existen organizaciones dedicadas a luchar por las víctimas de estas enfermedades que no asolan poblaciones enteras, pero destrozan la felicidad de miles de hogares en todo el mundo, año tras año. Y sin más apoyo que su experiencia de varios meses luchando por la vida de su bebé y un corazón rebosante de amor, se dedicó a organizar el "Día de las Enfermedades Raras" en su ciudad, Trujillo, coordinando con empresas, hablando con medios de comunicación, haciendo lo que jamás imaginó hacer, sin saber que la suya sería la primera actividad de ese tipo en el país, una en la que la solidaridad se abrió paso como en una fiesta, sin pedirle nada a nadie, con el único interés de abrirnos los ojos a la realidad de una minoría que también existe, que también sufre, y que también tiene derechos. El alcance de su campaña de difusión por el "Día de las Enfermedades Raras" fue un éxito total pues muchas personas, gracias a la tecnología y las redes sociales, participó desde otras ciudades e incluso países, respondiendo a la convocatoria de forma totalmente sorprendente.
"Micaela ha cambiado mi vida y mi forma de ver la vida", ha dicho su madre muchas veces, y hoy, con gran fortaleza y coraje luchando contra la emoción que anudaba su garganta, lo volvió a repetir al finalizar la misa, antes de que los restos de Mica reposaran para siempre, agradeciendo la presencia de sus amigos y familia, que compartió esta etapa tan difícil y preciosa de su vida.
Germán, un papá orgulloso de su bebé y de la unión de su familia, escribió en su muro: "Descansa en Paz, mi princesa ......han sido largos 11 meses de amor y coraje...... nunca vi tanta fuerza y valentía reflejada en un ser tan pequeño....... me queda la duda de no haber sido suficientemente Padre pero la seguridad de haber tratado de serlo ....sé que no me juzgarás por eso.....sí que me enseñaste a luchar, hija mía". Palabras que entendemos quienes hemos sufrido por haber perdido un hijo, porque
sabemos bien el terrible camino que se inicia con la separación, dejándonos con una desolación absoluta, siendo la fe y el amor lo único que puede rescatarnos del abismo.
Perder a un hijo es algo no sólo terrible sino muy personal, porque cada caso es diferente y las circunstancias son distintas, todos sufrimos a morir aunque no hay ranking, no se trata de ver quién sufre más, pero padecer una enfermedad rara debe sumar a los dolores de todo enfermo terminal,  la soledad y el "abandono" de quienes no tienen apoyo de nadie, mucho menos del Estado. Pero la experiencia de otras personas nos ayuda a comprender que existen muchas maneras de enfrentar duras realidades como ésta, y este caso es un claro ejemplo.
Por eso comparto con ustedes el legado de esta pareja, Germán y Karla, que iluminados por el amor a su hija han iniciado una vida nueva para ellos, para su familia y para la comunidad que esperan transformar con todo su amor de padres... generando en el proceso una luz de esperanza para otros.

Más información en:
http://ucvsatelital.tv/organizan-campana-por-dia-mundial-de-enfermedades-raras
https://www.youtube.com/watch?v=wkxldv964-Y&feature=youtu.be

martes, 14 de enero de 2014

Volver a mirar con el corazón

La mayoría de las personas, al iniciar un nuevo año, revisan lo que hicieron/lograron en el año que se va y se llenan de promesas de superación, de mejora.
Cuando uno tiene el corazón destrozado, importa poco, realmente muy poco, si las cosas mejoran, si se puede ser más productivo o exitoso. Nada importa.
Sin embargo, si estás en esa condición, ten presente que es, y debe ser, una etapa, pues el ser humano es un ser trascendente, está llamado a superarlo todo para tratar de ser lo mejor que pueda llegar a ser. Aún el dolor más profundo, como el que sientes, debe servir para hacernos mejores, más fuertes, más comprensivos, más solidarios, más capaces de amar. Sólo así estaremos dando un testimonio de lo mucho que amamos a nuestros hijos que partieron... tanto que por ellos...volvimos a vivir. Pero no una vida cotidiana, hacer el desayuno, salir a trabajar... una vida en la que miremos todo con otra mirada, una de amor.
Inténtalo. Vale la pena.




viernes, 27 de diciembre de 2013

La fe, bálsamo contra el dolor

El siguiente texto es en realidad un comentario de un lector a la primera entrada de este blog, que además es la más visitada: http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2010/06/como-enfrentar-la-muerte-de-un-hijo.html#comment-form.
Su nombre es Juan, y llegó a este espacio virtual al ver que su esposa lo hacía, luego de perder a su único hijo. Tanto en esa ocasión, en que compartió su sentir el 26 de septiembre pasado, como ahora, creo que sus vivencia puede ser inspiradora para otros, por eso la publico aquí. 
Esta carta continúa en un nuevo post, pueden buscarlo en página mencionada, en la que comparten su alegría por la forma como su historia ha ido evolucionando..
Ad portas de un  nuevo año, siento con claridad que mientras el mundo se prepara a celebrar con alegría un fiesta, muchos están sufriendo la mayor agonía de su vida.
Para ellos, para ustedes, van estas líneas llenas de esperanza , fe y amor.
Luzma


Hola, Soy nuevamente yo, Juan, el esposo de Patty, padres de Isaías Benjamín, el bebe que partió el 4 de mayo.
Escribo otra vez por que quiero compartirles que día a día, Dios hace su obra en mi, soy sanado poco a poco, y poco a poco voy avanzando en el camino de la paz.
He leido unos cuantos comentarios de padres que han pasado por lo mismo que nosotros, y realmente es doloroso leerles, por que se lo que siente, pero a su vez, puedo darme cuenta del valor que tiene el CONOCER verdaderamente a Dios, y que tener una relación personal con Jesucristo es LO ÚNICO que puede sostenerte en los momentos más difíciles de la vida, y hacerte ver la existencia desde la genuina perspectiva de Dios. Dejar partir a un hijo, es lo mismo que dejar que se te parta el corazón, nadie que no ha sido padre, puede comprender realmente lo que se siente pasar una noche con un hijo agonico en un hospital, ver su cuerpo muerto luego de una autopsia en el servicio medico legal, y finalmente dejarlo en un cementerio para que lo entierren... Yo si lo entiendo, se lo que siente cada padre y madre al dejar a quizás "su único hijo" como el mio yo lo deje en el "campo santo"... volver a tu casa y ver sus juguetes, su cama, su ropa, los artículos para su baño, su mamadera... ufff, realmente hay que vivir que se parta el corazón para comprender el dolor de estos estimados padres que he leído aquí. Yo los entiendo, y por lo mismo quiero alentarlos con todo mi corazón, a que si quieren ser sanados como YO lo estoy siendo, entréguenle su vida al Hijo de Dios, Jesucristo, por que finalmente solo Él tiene el genuino poder para sanar todas las heridas de nuestra alma. Yo se que alguno me dirá o pensará !!Claro, si Dios existiera o me amara no se habría llevado a mi hijo!! pero yo les respondería, lo que le respondo a cada persona que sin conocer a Dios, trata de sentir lastima por mi !!Todos moriremos algún día, el asunto es que mi Bebe murió antes que yo!! por ende, no importa "tanto" como o cuando moriremos, sino más bien, si 1º aprovechamos la vida de la manera correcta, y 2º ¿donde iremos a parar luego de la muerte? Creo que eso es más importante y trascendente que quedarnos pegados en el dolor, que aunque es legitimo, si vivimos para él, jamás lograremos seguir viviendo. Unos me han dicho que con esta perdida, debía "aprender a vivir con el dolor", pero ¿saben que? yo desafío al dolor, por que yo no quiero "aprender a vivir con un dolor", yo quiero ser libre de todo dolor, y recordar a mi hijo, extrañarlo, aún amarlo, pero "SIN DOLOR", y ¿saben que? Dios me está sanando el dolor, lo hace minuto a minuto, y con eso me muestra que no el asunto no es tan solo "tener fe" como para autoconsolarme, sino más bien el asunto es "DONDE DEPOSITAS TU FE", Jesús me ha demostrado que es digno de ser depositario de mi fe, por que Él es aún más grande que mi propia fe...

jueves, 12 de diciembre de 2013

Luto en Navidad

Hace casi un año, escribí un post sobre cómo vivir la Navidad cuando tu corazón sufre por el hijo que partió (http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2012/12/como-se-siente-la-navidad-cuando-tu.html ) que te recomiendo leer.
Ha pasado el tiempo y si bien es cierto que la mayoría de padres/madres que lloraban a su hijo en ese entonces ya habrán dado el paso siguiente para superar en gran medida la separación que esa muerte supuso, y deben estar en el proceso de enfrentar la vida con espíritu nuevo, algunas de ellas tal vez aún tienen dificultades para convivir con la alegría ajena, con el mensaje del feliz nacimiento de Jesús, o con la simple idea de celebración, cuando aún se sienten víctimas.

Si esa es tu situación, si la depresión posterior a la pérdida de tu hijo(a) aún es parte de tu día a día y no encuentras el camino para salir de ese estado, este post es para ti, para quienes aún se resisten a la Vida, y permanecen en el dolor, en la búsqueda de un por qué, en la idea persistente de una injusticia irreparable.

Debo aclarar algo: si esperas que te dé una receta mágica que alivie tu pena y resuelva el tema con un final feliz, lamento decepcionarte, y no lo haré porque no creo en recetas infalibles cuando lo que tienes es roto el corazón. Al menos yo no conozco tal solución.  Y tampoco iré por el camino corto de decirte que hay quienes sufren más, quienes pasan por dramas peores que tú, etc., etc.  El dolor ajeno no disminuirá el tuyo y eso lo sabemos bien ¿cierto? Pero sí creo que hay aspectos que podemos tomar en nuestras manos y en ese sentido quisiera compartir contigo mi experiencia, dejando en claro que:
  1. Cada persona tiene un proceso diferente, propio y particular, y tiene derecho a sus tiempos, a superar su pena y encauzar su vida a su ritmo. Me pasó a mí y le pasa a otros (miles, millones  en todo el mundo).
  2. Sufrir, llorar, aislarse, renegar, deprimirse son maneras de reaccionar y atravesar la experiencia, preparándose para poder, un día, superarla. No creo en "pasar la página y ya". Al menos no funciona para mí. Le toca a los demás tener paciencia y acompañar en su dolor a quien sufre, de la manera como esa persona lo necesita, no como los demás creen que debiera hacer o como el calendario sugiere.
  3. Visto todo lo anterior, sí creo, y mi experiencia así me lo enseñó, que una cosa es vivir cada etapa del duelo y no huir del dolor, pero otra es pretender anidar en el sufrimiento, quedarse ahí de forma persistente (y masoquista) pues eso es dañino y no tiene ningún sentido, aunque sí una explicación: no sabemos cómo reanudar la vida sin esa parte tan amada de nosotros que murió, nos asusta la idea, y preferimos renunciar a ella. No sabemos cómo volver a vivir.
Creo positivamente que ninguno de nuestros hijos quisiera vernos sufrir mes tras mes, sin opción a sanar nuestro corazón destrozado. El amor que sentimos por ellos debe ser el motor que nos impulse a ser los padres y madres que nuestros hijos amaron (y aman, donde quiera que estén).

Un tema importante aquí es el de la fe o la espiritualidad que se tenga, pues eso constituye una gran diferencia en la vivencia de un duelo. En este tiempo tan centrado en el nacimiento de Jesús, si crees en Él tienes un punto a favor: Si te pones a pensar, María, la mujer que aparece en el pesebre feliz y asombrada, como toda madre que contempla la maravilla de su hijo, comprende bien tu dolor, tu rabia, tu injusticia,  tu pena honda... pues ha sufrido lo mismo que tú sufres hoy. María es quien mejor te entiende.

Si eres capaz de creer eso y aceptarlo en tu corazón, entenderás que tu realidad no es única, no es ajena al resto del mundo. Es necesario hacer un esfuerzo por dejar de pensar en ti, en tu sufrimiento, y abrirte a la posibilidad de la curación de tu alma, a la oportunidad de volver a amar, de volver a compartir tus sentimientos, de volver a ser tú. Ten la seguridad de que nadie sonreirá en ese instante más que tu hijo(a), que sentirá que por fin, deja de ser motivo de lágrimas y vuelve a ser motivo de amor.

Si no crees (agnóstico o ateo, da lo mismo), la situación es diferente, y sólo te puedo decir algo: si no hay un después, si no crees en un Creador, lo que toca es guardar el recuerdo de quien tanto amaste, fuerte, muy fuerte en tu corazón, y continuar tu camino, pues esa será la única forma de que tu hijo(a) amado(a) siga viviendo: a través tuyo. Además, así como tú sigues viviendo, otros también, y la bondad que el amor dejó en tu corazón puede hacer una diferencia para ellos. Tú puedes hacer mucho, en memoria de ese amor.

Si te gusta leer, hay un libro muy pequeño y sencillo que trae recomendaciones muy prácticas, que te pueden ayudar: http://www.librolibro.es/libro/superar-la-tristeza-en-navidad/9788428530071. Algo que también puede ser oportuno, si te resulta difícil pasar el proceso pero aceptas la posibilidad de recibir ayuda, es buscar un terapeuta o un consejero que te escuche y te ayude a encontrar un camino adecuado a tu vivencia en particular. Muchas personas, sin embargo, se sienten incómodas teniendo que estar físicamente frente a un extraño hablándole de algo tan personal, y para ellos, o para quienes tienes dificultades de tiempo/lugar, una opción excelente es la de terapia online, pues se adapta a tu necesidad de tiempo, y te permite recibir ayuda sin salir de tu casa. Personalmnete te recomiendo ingresar a http://www.fentpsicologia.com/terapia-on-line/ , es un excelente sitio web en el que psicólogos jóvenes y especializados pueden ayudarte y brindarte el soporte y acompañamiento que requieres, especialmente en estos días tan difíciles, sin necesidad de desplazarte o la tradicional cita en un consultorio. Puedes contactarte con ellos y ver si te acomoda.

Sea lo que sea que decidas hacer espero, de todo corazón, que decidas poner de tu parte un esfuerzo por empezar a curar tus heridas, y que en ese ánimo encuentres la forma para que estas fiestas sean más llevaderas y puedas vivir en paz este tiempo, que de seguro será difícil, usándolo para encontrarte contigo mismo, con tu dolor pero también con tu esperanza, con tus recuerdos pero también con tu presente, y así avanzar, día a día, para dejar de sobrevivir... y comenzar a vivir.

martes, 15 de octubre de 2013

Querida Meche, in memoriam

El día de ayer recibí una noticia sumamente triste: una amiga muy querida ha fallecido hace casi tres meses, y
yo recién me enteré. Ustedes dirán, bueno, era una persona adulta, mayor, es la ley de la vida, etc., etc., y es muy comprensible, pero para mí ha sido una noticia devastadora, no sólo porque era mi amiga, porque la quise mucho, ni porque fuera una mujer buena y generosa, como fue en verdad, ni porque sufrió víctima de una enfermedad dura e incapacitante. Me duele más porque fue una madre que se murió de pena.

La historia es corta y sencilla. A Meche la conocí cuando amabas teníamos dos hijos pequeños, éramos jóvenes y nos contábamos las cosas comunes en ese tiempo, cómo curarles el resfrío o la diarrea a nuestros niños, o cómo lidiar con los maridos. Era una mujer muy alegre, entusiasta, siempre con energía y ganas de sonreír. Se dedicaba a su familia y lo hacía con todo su amor. Fue una vecina excelente y una amiga genial. Poco antes de que yo me fuera de la ciudad, ella tuvo un tercer bebé, inesperado pero muy amorosamente recibido,  que completó su dicha: Gustavo. Luego de eso no tuvimos más contacto que alguna visita que hice a Piura en los primeros años, y luego una visita que ella me hizo como 20 años después. La vi rebosante de energía y felicidad, pues sus hijos estaban grandes todos y ella había retomado sus estudios universitarios iniciando una nueva carrera, seguía junto a su esposo, estaba muy dichosa.
Tiempo después me enteré que su hijo, el último, había sido detectado con cáncer y murió al poco tiempo, con sólo 22 años. Yo lo supe algo después, y le escribí. Yo había perdido ya a una hija pequeña, e imaginando cómo se sentiría, quise enviarle mi cariño y condolencias. Ella estaba muy tranquila y serena. Sé por ella misma que sufrió lo indecible, como toda madre que pasa por lo mismo, pero que afrontó su sufrimiento de una manera diferente: ella decidió no llorar. Se encomendó a Dios pero no lloró ni antes, ni durante ni después de la muerte de su hijo. Sin embargo, cuando con el tiempo, alguien le decía que era necesario que volcara su pena y desfogará su dolor, que era lo natural, ella trataba pero ya no encontraba la manera de hacerlo.
Me preocupó mucho algo tan particular, se lo comenté e incluso le hice algunas recomendaciones, pero nada me preparaba para lo que supe después. Un día me encontré con su cuñada, a quien conocía un poco, en un supermercado y me preguntó si sabía de mi amiga. Le pregunté a qué se refería y me contó que mi amiga estaba muy enferma, aunque no me lo había dicho: tenía un mal que le iba quitando el control muscular de su cuerpo, progresivamente, y aunque no tenía un diagnóstico claro, los pronósticos eran terribles. ¿Cuándo comenzó su mal? Poco tiempo después del fallecimiento de su hijo.
El pasado 8 de junio realizó su último post en el FB, pues al día siguiente hubiera sido el cumpleaños de su amado Gus. Siguió a su hijo tres años después.
A Meche la enfermó la pena que guardó en su corazón, y que se apoderó de ella aún cuando ella ya no quiso seguir haciéndolo así. Ni los médicos en nuestro país y en el exterior, ni todo el amor de su esposo ni el de sus hijos que la necesitaban y amaban pudieron hacer nada.
En sólo dos años se fue una mujer buena como el pan, alegre y entusiasta. Sé que nunca dejó de sonreír ni de tener fe y confiar en Dios, y que sus amigos y familia estuvieron siempre con ella, pues su nobleza fue un imán para muchos, a quienes deja un gran recuerdo de amor, de fe y de entrega a los demás.
Pienso en ella y se me parte el alma de pena, pues creo que podría estar ahora gozando con su familia, si tan sólo hubiera logrado superar ese dolor que le carcomió el corazón. Creo que su historia no debía acabar así. Ella fue muy valiente para soportar su enfermedad, y la admiro, pero creo que en su amor trató de no mostrar su pena, esa profunda que no podía evitar en el fondo de su alma y se obligó a no llorar en lugar de vivir su pena, de gritarla, de arrancarla a pedazos de su alma hasta que un día pudiera verla cara a cara, y aprender a vivir con ella.
Llorar no es de cobardes, es de seres humanos que sufren. Y es parte del mecanismo de la vida, vivir el sufrimiento, para luego dejarlo ir lentamente, hasta que queda en una parte muy importante del corazón, pero... permitiéndonos seguir adelante.
Cuando perdemos un hijo, se lleva al partir todo nuestro amor, el que les dimos y el que seguimos sintiendo por ellos. Quienes nos necesitan son los que están aquí, a nuestro lado, y es por ellos que debemos hacer el esfuerzo de sobrevivir un día a la vez, haciendo que ese amor nos impulse a despertar cada día para luego, poco a poco, volver a aprender... a vivir.
Yo sé que mi querida Meche, luchadora como fue siempre, estaría de acuerdo en ayudarme a hacer esto público para que su historia no se repita, y que me ayudaría sin pudor en esta cruzada para que nadie más cause a sus seres amados, aún sin desearlo, el dolor que nosotros sufrimos, ese que no nos deja vivir y nos hace desear la muerte...
Si su historia le sirve a alguien, su muerte no habrá sido en vano.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Hay para qué aunque no haya un por qué

Hoy recibí un comentario en el que un lector comenta que pese a su profundo e indescriptible dolor, y a lo difícil que le resulta lo mucho que extraña a su hijo, su separación le ha ayudado a ser más amoroso con su mujer y su hija. Yo no sé más de su situación y no pienso jugar a la "vidente", pero sí me parece maravilloso que él haya empezado a descubrir cosas positivas en medio de su pena.
Luego de responderle, encontré una historia muy inspiradora para los que creemos en Dios (realmente no sé cómo lo enfrenta una persona sin fe, atea) y por eso me animo a compartir con ustedes la idea y la visión que nos ha servido a muchos. La historia original se encuentra en http://www.renuevodeplenitud.com/.
Dice el relato que una familia había salido en una expedición de caza, y se detuvo para almorzar. Los niños jugaban a la sombra de un árbol, distantes de sus padres y del resto de los adultos del grupo. De repente, el padre de uno de ellos, pegó un salto y le gritó a su hijo: "Échate al piso" y éste lo hizo inmediatamente.
Todos se quedaron impactados al saber que una serpiente venenosa se había estado arrastrando por el árbol donde estaba el niño. Si lo hubiese mordido, habría muerto.
Sólo el padre del infante vio la serpiente, pero lo importante es que en medio de la emergencia obtuvo  la respuesta instantánea del chico ante su orden.  Cuando más tarde entre todos conversaban del suceso, el padre explicó que su relación era tan buena y basada en la verdad, el muchacho no vaciló ante la orden de su padre, pues confiaba en él y el padre contaba con ello.
Muchas veces nosotros pasamos por momentos de duras pruebas en las cuáles no entendemos nada, preguntamos "¿por qué?" y no obtenemos respuesta, porque no pensamos que Dios ve lo que nosotros no, y sabe lo que nosotros jamás podremos entender.
No siempre es posible saber lo qué Dios ha planeado para nuestras vidas, pero podemos hacer lo que hizo el hijo: confiar y seguir amando, sabiendo que Él está siempre listo para sostenernos y ayudarnos a enfrentar la vida, por más dura que se ponga.

Juan 15:4 "Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes".

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Estamos pensando en ellos o en nosotros?

Hace poco escribí que amar a veces es saber decir "adiós" (http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2013/06/amar-es-tambien-decir-adios.html). Quienes hemos perdido un hijo sabemos lo difícil que es y e el proceso de descubrirlo es largo y muy duro.
Encontré esta historia en la web. Tal vez le sirva a alguien (va con un abrazo).

LÁGRIMAS DE UN PADRE
Un hombre padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.
Desde su muerte y durante años, no podía dormir. Lloraba y lloraba hasta que amanecía. Hasta que se le aparece un ángel en su sueño, y le dice:
-¡Basta ya de llorar!
-No puedo soportar no verlo nunca más- respondió el hombre.
El ángel le dice:
-¿Quieres verlo? Y al confirmarle que sí, lo toma de la mano y lo sube al cielo.
-Ahora lo vas a ver, quédate acá.
A una orden suya, empiezan a pasar un montón de niños vestidos como angelitos, con una vela encendida entre las manos.
El hombre dice:
-¿Quiénes son?
Y el ángel le responde:
-Son los niños que han muerto , y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque son puros.
-¿Mi hijo está entre ellos? -preguntó el hombre.
-Sí, ahora lo vas a ver – le contestó, mientras pasaban cientos y cientos de niños-. Ahí viene.
El hombre lo ve, radiante como lo recordaba. Pero de pronto, algo lo conmueve: entre todos, es el único chico que tiene la vela apagada. Siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo. El chico lo ve, viene corriendo y se abrazan con fuerza, y entonces el padre le dice:
-Hijo, ¿por qué tu vela no tiene luz? ¿por qué no encienden tu vela como a los demás?
Su hijo entonces le responde:
-Papá, sí encienden mi vela cada día, igual que la de todos, pero..., ¿sabes? Cada noche tus lágrimas apagan la mía…

Cuando la muerte de un hijo nos golpea, algunos no queremos superarlo, no queremos aceptar lo inevitable, la separación que nada puede cambiar. Nos negamos a aceptar la realidad.
El tiempo no vuelve atrás y aunque el dolor es parte de la vida, a veces es tan terrible que uno pierde hasta el deseo de vivir.
Sin embargo debemos sufrir ese dolor y esa pena profunda sin olvidar que uno sigue aquí, y es por alguna razón. Poco a poco debemos esforzarnos por pensar en que debemos caminar hacia un día en que podamos secar las lágrimas y comenzar a mirar el mundo de nuevo con ojos limpios, no turbios por la tristeza, pero eso podremos hacerlo sólo si dejamos de pensar en nosotros y comenzamos a pensar en ellos.
Volver a vivir no significa olvidar o amar menos. Al contrario, significa hacer un esfuerzo grande para guardar por siempre en nuestro corazón nuestro amor, nuestra pena... y seguir adelante.

martes, 30 de julio de 2013

Entre lágrimas y euforia

El otro día, navegando por la red, me topé con este video de Alejandro Lerner, de hace muchos años atrás (1984, imagínense) sin encontrar ninguna versión actualizada. 
La canción se llama "Entre Lágrimas y Euforia", y la recordé cuando pasaba los peores momentos de mi vida. Conseguí el CD y me acompañó muchas noches cuando me sentía tan triste... que la ponía en mi reproductor y la escuchaba con audífonos, una y otra vez, hasta que agotada de tanto oírla y de tanto llorar, ya podía irme a descansar. 
No sé si a alguien le pueda interesar, pero... lo dejo igual.


martes, 9 de julio de 2013

Los hijos: un préstamo lleno de amor

Dicen que el texto que figura al final de esta nota pertenece al escritor José Saramago, Nobel de Literatura, aunque desconozco si es así. Sólo sé que  me parece hermoso y muy cierto.
Lo comparto aquí para que quienes hemos pasado por la experiencia de tener un hijo para perderlo después, recordemos que debemos agradecer siempre por su presencia en nuestra vida, haya sido de años o de días, pues lleva en sí misma la semilla del amor más grande.
Tal vez por eso mismo genera el dolor más profundo, pero nunca, nunca, ese dolor, esa tristeza, debe ser mayor que el amor. Ese amor es nuestra mayor bendición.
Un abrazo fuerte a todos.

"Hijo es  un ser que Dios nos  prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. 
¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo... EL MAS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. 
Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos"

domingo, 2 de junio de 2013

Amar es también decir adiós

En unos días se cumplirá un año de la muerte de Camila Sánchez Herbón, una bebé de tres años que jamás sintió las caricias de su madre ni su angustia ni su lucha por el único derecho que rogó para su hija: una muerte digna.

En este blog compartimos los padres que tuvimos que resignarnos a la separación de nuestros hijos, y muchas veces no logramos superarla, y en ese contexto una historia así pareciera no tener lugar, pero quisiera compartirla pues, por el contrario, creo que puede ayudarnos a comprender el valor auténtico de la vida y del amor, que no tiene relación con el tiempo ni con la trascendencia de lo vivido.

Tras un parto complicado, la niña nació muerta, pero se la reanimó durante 20 minutos y se la conectó a un respirador. “A partir de ese momento todo fue tristeza", dijo la madre, Selva. Como no respondía a  ningún estímulo, llenos de amor y esperanzas  la sometieron a diferentes tratamientos de estimulación, pero jamás logró recuperar ninguna función. No oía, no sentía, no hablaba, no se movía ni tenía conciencia, hasta que le declararon "estado vegetativo permanente", y comienza para los padres un proceso en el que deben definir qué tipo de “vida” está teniendo su hija, sólo sostenida por soportes de vida artificiales (que la proveen de alimento, agua y aire) y cómo deben actuar, queriéndola como la quieren.

La madre confesó en una entrevista que, alentada por una terapeuta, le permitieron intentar una estimulación de reflejo en el interior de la boca de la bebé, descubriendo que ni siquiera tenía reflejo de vómito, al sentir la manipulación. Cuando los padres toman conciencia de la vida artificial de su hija, y de que su condición irreversible sólo marcaba una permanencia de latidos originados en una máquina, inician una lucha para que los médicos pudieran retirarle los soportes a una criatura  que no vivía “una vida digna de ser vivida", y que merecía continuar con el destino natural que esperaba por ella.

En medio de una gran controversia pública y un engorroso proceso legal en diversas instancias del Estado, los padres lucharon por amor, conscientes de que llevaban “un duelo muy largo”. “Mi hija agoniza desde hace tres años. ¿Alguien sabe lo que eso significa?", declaró la madre.

Camila falleció el jueves 07 de junio del 2012,  en el Centro Gallego de Buenos Aires, tras promulgarse la Ley de Muerte Digna que entró en vigencia sólo unos días antes, y la convirtió en la primera persona en Argentina en acceder a una muerte de esta naturaleza, al serle retirados los soportes mecánicos. Su madre afirmó al respecto: "Siento en el corazón que Camila ya está en paz”, añadiendo que la pequeña "pasó por este mundo y nos dejó más derechos a todos. No fue en vano tanto dolor y sufrimiento".

Luego de conocer una historia tan terrible como humana, me queda la certeza de que a veces el amor requiere de decisiones inesperadas, que nos hacen superarnos a nosotros mismos más allá de nuestras expectativas. A veces el amor necesita de fuerza y coraje más que de gestos tiernos, como cuando debemos enfrentar el hecho de que es necesario dejar ir a nuestros hijos.... sabiendo que ya no los volveremos a ver ni abrazar.

Desde este humilde espacio, un abrazo solidario para los padres de Camila, para su hermana Valentina, y para todos los papás y mamás que un día, sin pensarlo ni quererlo, tenemos que decir adiós, poniendo en ese último gesto... todo nuestro amor.

domingo, 28 de abril de 2013

El dolor no tiene bandera, ni raza, ni color


El otro día estuve viendo las estadísticas de este blog, y encontré que tiene visitas registradas de muchos países que no imaginé siquiera, principalmente de México (6982), España (3432), Argentina (2651), Colombia (2390), Chile (2093), Estados Unidos (1959), Perú (1801), Venezuela (1348), Ecuador (977), y Guatemala (272).
Al ver esto me invadió una sensación de hermandad muy grande, una ligazón con hombres y mujeres de
todas partes, que nos hemos unido en el momento más difícil: el de perder a un hijo.
Creo que de eso se trata, de pasar por encima de la geografía, la economía, la política y todo lo demás, y unirnos para darnos fuerza, para compartir nuestras experiencias y ayudar a otra persona que las pueda necesitar esa mirada humana, comprensiva, de quien ya pasó lo que otro está pasando en ese momento, y ....sobrevivió.
Cuando yo atravesé los peores momentos de mi vida, cuando murió mi hijita, sentía que los demás me daban palabras de aliento con muy buena intención pero que no sabían de lo que hablaban. Aquí sí lo sabemos, y por eso te escuchamos y te comprendemos.
Gracias por visitar este sitio, que no es un espacio para el dolor, sino, todo lo contrario,es una cadena de fe, de esperanza  y de solidaridad humana.
Un abrazo fuerte,

Luzma

sábado, 13 de abril de 2013

Nadie te ama como yo

Muchas veces, en los momentos de dolor, no puedo rezar, sin embargo alguna canción se cuela por mi mente y me ayuda a hablar con Dios.
Esta canción, me impactó mucho cuando la escuché por primera vez, pues refleja lo que Jesús te diría si pudieras escucharlo. Yo creía que el amor más grande es el de una madre, pero la verdad es que Dios nos ama más, y Jesús dio su vida para que lo pudiéramos entender.
En el dolor de la pérdida irremediable, pensamos que Dios nos ha abandonado, y no caemos en la cuenta que muchas veces somos nosotros los que lo hemos dejado solo a Él.
Sé que tal vez tu pena es terrible, un pozo oscuro sin fondo en el que no terminas de caer. Yo he estado en él, pero Jesús me ayudó a salir nuevamente a la vida.
Escucha esta canción, de la mano y la voz de Martín Valverde. Espero te sirva para comprender que nadie te ama como Dios...