miércoles, 3 de abril de 2013

Seamos instrumentos de consuelo en el dolor

Uno de los grandes cuestionamientos que mucha gente realiza cuando ve a un padre o madre que ha perdido un hijo, y aún no supera la pérdida, es: "¿Cuánto tiempo va a estar así?"
Desde mi experiencia, el tema no debiera ser el tiempo, sino lo que se busca alcanzar al cabo de ese tiempo.
El proceso de luto y duelo es un período que permite a los sobrevivientes adaptarse a la pérdida del ser querido. De ese proceso he publicado anteriormente, de modo especial en http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2013/03/la-necesidad-de-encontrar-un-camino-el.html, y las etapas ahí indicadas se verifican una y otra vez, con muy pocas excepciones, sin embargo, a veces las cosas se desarrollan de manera distinta los  porque que sufrimos no sólo no colaboramos, sino que jugamos a favor del dolor. Por ello es importante ser conscientes de qué es lo que esperamos, preguntarnos ¿qué es lo que YO quiero encontrar, al final de
este túnel? Si sólo queremos seguir llorando, seguir sufriendo, habrá que esperar. El momento llegará, en que se desee volver a vivir.
Aunque cada caso es diferente, los padres en un inicio esperamos recuperar a ese hijo o hija a cuya pérdida nos resistimos con uñas y dientes. El dolor es tan profundo y lacerante que no hay nada más. Pero luego de un tiempo, aceptamos esa imposibilidad y recién entonces abrimos los ojos y vemos el mundo que nos rodea, el cual ha seguido girando mientras nosotros estábamos en un agujero negro, estático, frío y sin salida. Mientras la persona está en esa situación, poco puede hacerse, salvo rodearla de tanto amor, que la proteja y lentamente la vaya ayudando a aflorar a la superficie. Cuando decide comenzar a salir,  tenemos que subirnos a ese mundo que nos dejó atrás, y es como subir a un vehículo en movimiento: Muy difícil.
Yo creo en Dios, aunque respeto que otros no lo hagan, pero en mi caso, fue la fe lo que me devolvió la cordura y me permitió sanar. Cuando comencé a ver a Dios en la paciencia de mi familia, en la tolerancia y delicadez de mis amigos, en las oportunidades que puso a mi alcance, en cada lectura que me dio un pequeño consuelo o un punto de reflexión sobre el cual girar, comencé a mirar hacia afuera y dejé de encerrarme en mi dolor.
Si uno cree en Dios, debiéramos rezar para que actúe en el espíritu sufriente de esa persona, pero sabiendo que Él obras a través de las personas: nos necesita. Si no le damos nuestras manos.. ¿cómo obrará?
desde esa perspectiva, creo que la pregunta no debiera ser "¿Cuánto tiempo va a estar así?", sino que debiera convertirse en: "¿Qué estoy dispuesto a hacer por él, por ella?" Y entonces nos toca el turnos de hacer un compromiso de amor, para con ese padre o esa madre, que permita acompañarlo en silencio, rodearlo de cariño, tenerle paciencia infinita, y hacer ese trabajo sencillo y lento que dará, como resultado final, un corazón que sangre cada día un poco menos, hasta que, una vez que deje de sangrar, empiece a sanar.
No le demos consejos a quien perdió un hijo. Démosle nuestro amor.

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