lunes, 5 de mayo de 2014

Dolor y amor en el Día de la Madre

Un nuevo Día de la Madre se acerca, y aunque debo reconocer que mi vida ha reencontrado su curso y ya puedo disfrutar de la alegría de estas fechas, sin que por ello dejen de tener una cuota de tristeza, pienso en todas las madres que han perdido un hijo(a), especialmente si lo han hecho recientemente, pues aún estarán caminando en esa neblina absoluta, sin ver nada ni a nadie, sin saber siquiera dónde estás, sólo  sintiendo ese vacío tremendo que te destroza el corazón.
Sólo quisiera decirle a quienes se sientan así, que es normal, que no están mal por sentir que se hunden en un pozo negro y sin fin. Todo es parte de un proceso de separación lento y doloroso, que parece más difícil cuánto más se amó, y es una nueva forma de vivir que requiere toneladas de valor y coraje.
Esta vez me limitaré a resaltar cinco cosas que he escrito de seguro en alguno de los post de este espacio que existe para ustedes:
  1. Aunque tu hijo(a) no esté contigo, sigues siendo su madre.  Entiéndelo y asúmelo como parte de tu vida. Saberlo no eliminará la pena ni el dolor pero puede ayudarte a encontrar un nuevo sentido a tu vida: aprender a ser la madre de un hijo(a) aunque no lo veas o no esté a tu lado. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Víctima de las Enfermedades Raras: Micaela, un testimonio de amor

El día de hoy una comunidad de familiares y amigos se reunió para despedir a una hermosa bebé de casi 11 meses, Micaela,  una pequeña guerrera cuyo frágil cuerpecito ya no pudo seguir la lucha frente a la Enfermedad de Alexander que la aquejó desde muy temprano y que hizo que su vida y la de su familia cambiara de forma radical, iniciando un camino de amor y solidaridad que ha impactado la vida de muchas personas.
La vida de Karla parecía completa con sus dos hijos mayores, y el tercero, de su segundo matrimonio, sin embargo, cuando salió embarazada por cuarta vez la ilusión de la esperada mujercita revivió con intensidad y lleno de ilusión su espera. Y su ilusión se hizo realidad, con una bella criatura que nació para su alegría y la de su familia... hasta que a los dos meses de edad la enfermedad comenzó a deteriorar la salud de la pequeña sin que pudiera encontrar una respuesta.
Desde entonces la lucha fue incesante, pues cuando por fin los médicos pudieron brindarle un diagnóstico, descubrió que el mal que aquejaba a Micaela era una de las conocidas como "enfermedades raras", porque las padecen muy pocas personas en el mundo, y por la misma razón no encuentran especialistas, tratamiento o investigación que los ayude, teniendo que sumar a su sufrimiento el desconocimiento y la soledad. De hecho, Micaela ha sido la primera paciente con la enfermedad de Alexander en el Perú, y una de las sólo 38 que lo padecen actualmente en el mundo.
Cuando Karla supo que su niña sufría esta enfermedad, pasó por muchas etapas de dolor y frustración, pero en un momento comprendió que de alguna manera estaba en ese camino... por alguna razón. Y con fe y fortaleza, decidió superar su frustración y tratar de hacer algo.

martes, 14 de enero de 2014

Volver a mirar con el corazón

La mayoría de las personas, al iniciar un nuevo año, revisan lo que hicieron/lograron en el año que se va y se llenan de promesas de superación, de mejora.
Cuando uno tiene el corazón destrozado, importa poco, realmente muy poco, si las cosas mejoran, si se puede ser más productivo o exitoso. Nada importa.
Sin embargo, si estás en esa condición, ten presente que es, y debe ser, una etapa, pues el ser humano es un ser trascendente, está llamado a superarlo todo para tratar de ser lo mejor que pueda llegar a ser. Aún el dolor más profundo, como el que sientes, debe servir para hacernos mejores, más fuertes, más comprensivos, más solidarios, más capaces de amar. Sólo así estaremos dando un testimonio de lo mucho que amamos a nuestros hijos que partieron... tanto que por ellos...volvimos a vivir. Pero no una vida cotidiana, hacer el desayuno, salir a trabajar... una vida en la que miremos todo con otra mirada, una de amor.
Inténtalo. Vale la pena.




viernes, 27 de diciembre de 2013

La fe, bálsamo contra el dolor

El siguiente texto es en realidad un comentario de un lector a la primera entrada de este blog, que además es la más visitada: http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2010/06/como-enfrentar-la-muerte-de-un-hijo.html#comment-form.
Su nombre es Juan, y llegó a este espacio virtual al ver que su esposa lo hacía, luego de perder a su único hijo. Tanto en esa ocasión, en que compartió su sentir el 26 de septiembre pasado, como ahora, creo que sus vivencia puede ser inspiradora para otros, por eso la publico aquí. 
Esta carta continúa en un nuevo post, pueden buscarlo en página mencionada, en la que comparten su alegría por la forma como su historia ha ido evolucionando..
Ad portas de un  nuevo año, siento con claridad que mientras el mundo se prepara a celebrar con alegría un fiesta, muchos están sufriendo la mayor agonía de su vida.
Para ellos, para ustedes, van estas líneas llenas de esperanza , fe y amor.
Luzma


Hola, Soy nuevamente yo, Juan, el esposo de Patty, padres de Isaías Benjamín, el bebe que partió el 4 de mayo.
Escribo otra vez por que quiero compartirles que día a día, Dios hace su obra en mi, soy sanado poco a poco, y poco a poco voy avanzando en el camino de la paz.
He leido unos cuantos comentarios de padres que han pasado por lo mismo que nosotros, y realmente es doloroso leerles, por que se lo que siente, pero a su vez, puedo darme cuenta del valor que tiene el CONOCER verdaderamente a Dios, y que tener una relación personal con Jesucristo es LO ÚNICO que puede sostenerte en los momentos más difíciles de la vida, y hacerte ver la existencia desde la genuina perspectiva de Dios.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Luto en Navidad

Hace casi un año, escribí un post sobre cómo vivir la Navidad cuando tu corazón sufre por el hijo que partió (http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2012/12/como-se-siente-la-navidad-cuando-tu.html ) que te recomiendo leer.
Ha pasado el tiempo y si bien es cierto que la mayoría de padres/madres que lloraban a su hijo en ese entonces ya habrán dado el paso siguiente para superar en gran medida la separación que esa muerte supuso, y deben estar en el proceso de enfrentar la vida con espíritu nuevo, algunas de ellas tal vez aún tienen dificultades para convivir con la alegría ajena, con el mensaje del feliz nacimiento de Jesús, o con la simple idea de celebración, cuando aún se sienten víctimas.

Si esa es tu situación, si la depresión posterior a la pérdida de tu hijo(a) aún es parte de tu día a día y no encuentras el camino para salir de ese estado, este post es para ti, para quienes aún se resisten a la Vida, y permanecen en el dolor, en la búsqueda de un por qué, en la idea persistente de una injusticia irreparable.

Debo aclarar algo: si esperas que te dé una receta mágica que alivie tu pena y resuelva el tema con un final feliz, lamento decepcionarte, y no lo haré porque no creo en recetas infalibles cuando lo que tienes es el corazón roto. Al menos yo no conozco tal solución.  Y tampoco iré por el camino corto de decirte que hay quienes sufren más, quienes pasan por dramas peores que tú, etc., etc.  El dolor ajeno no disminuirá el tuyo y eso lo sabemos bien ¿cierto? Pero sí creo que hay aspectos que podemos tomar en nuestras manos y en ese sentido quisiera compartir contigo mi experiencia, dejando en claro que:
  1. Cada persona tiene un proceso diferente, propio y particular, y tiene derecho a sus tiempos, a superar su pena y encauzar su vida a su ritmo. Me pasó a mí y le pasa a otros (miles, millones  en todo el mundo).

martes, 15 de octubre de 2013

Querida Meche, in memoriam

El día de ayer recibí una noticia sumamente triste: una amiga muy querida ha fallecido hace casi tres meses, y
yo recién me enteré. Ustedes dirán, bueno, era una persona adulta, mayor, es la ley de la vida, etc., etc., y es muy comprensible, pero para mí ha sido una noticia devastadora, no sólo porque era mi amiga, porque la quise mucho, ni porque fuera una mujer buena y generosa, como fue en verdad, ni porque sufrió víctima de una enfermedad dura e incapacitante. Me duele más porque fue una madre que se murió de pena.
La historia es corta y sencilla. A Meche la conocí cuando ambas teníamos dos hijos pequeños, éramos jóvenes y nos contábamos las cosas comunes de ese tiempo: cómo curarles el resfrío o la diarrea a nuestros niños, o cómo lidiar con los maridos. Era una mujer muy alegre, entusiasta, siempre con energía y ganas de sonreír. Se dedicaba a su familia y lo hacía con todo su amor. Fue una vecina excelente y una amiga genial. Poco antes de que yo me fuera de la ciudad, ella tuvo un tercer bebé, inesperado pero muy amorosamente recibido, que completó su dicha: Gustavo.
Luego de eso no tuvimos más contacto que alguna visita que hice a Piura en los primeros años, y luego una visita que ella me hizo como 20 años después. La vi rebosante de energía y felicidad, pues sus hijos estaban grandes todos y ella había retomado sus estudios universitarios iniciando una nueva carrera, seguía junto a su esposo, estaba muy dichosa.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Hay un "para qué" aunque no haya un "por qué"

Hoy recibí un comentario en el que un lector comenta que pese a su profundo e indescriptible dolor, y a lo difícil que le resulta lo mucho que extraña a su hijo, su separación le ha ayudado a ser más amoroso con su mujer y su hija. Yo no sé más de su situación y no pienso jugar a la "vidente", pero sí me parece maravilloso que él haya empezado a descubrir cosas positivas en medio de su pena.
Luego de responderle, encontré una historia muy inspiradora para los que creemos en Dios (realmente no sé cómo lo enfrenta una persona sin fe, atea) y por eso me animo a compartir con ustedes la idea y la visión que nos ha servido a muchos. La historia original se encuentra en http://www.renuevodeplenitud.com/.
Dice el relato que una familia había salido en una expedición de caza, y se detuvo para almorzar. Los niños jugaban a la sombra de un árbol, distantes de sus padres y del resto de los adultos del grupo. De repente, el padre de uno de ellos, pegó un salto y le gritó a su hijo: "Échate al piso" y éste lo hizo inmediatamente.
Todos se quedaron impactados al saber que una serpiente venenosa se había estado arrastrando por el árbol donde estaba el niño. Si lo hubiese mordido, habría muerto.
Sólo el padre del infante vio la serpiente, pero lo importante es que en medio de la emergencia obtuvo  la respuesta instantánea del chico ante su orden.  Cuando más tarde entre todos conversaban del suceso, el padre explicó que su relación era tan buena y basada en la verdad, el muchacho no vaciló ante la orden de su padre, pues confiaba en él y el padre contaba con ello.
Muchas veces nosotros pasamos por momentos de duras pruebas en las cuáles no entendemos nada, preguntamos "¿por qué?" y no obtenemos respuesta, porque no pensamos que Dios ve lo que nosotros no, y sabe lo que nosotros jamás podremos entender.
No siempre es posible saber lo qué Dios ha planeado para nuestras vidas, pero podemos hacer lo que hizo el hijo: confiar y seguir amando, sabiendo que Él está siempre listo para sostenernos y ayudarnos a enfrentar la vida, por más dura que se ponga.

Juan 15:4 "Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes".

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Estamos pensando en ellos o en nosotros?

Hace poco escribí que amar a veces es saber decir "adiós" (http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2013/06/amar-es-tambien-decir-adios.html). Quienes hemos perdido un hijo sabemos lo difícil que es y e el proceso de descubrirlo es largo y muy duro.
Encontré esta historia en la web. Tal vez le sirva a alguien (va con un abrazo).

LÁGRIMAS DE UN PADRE
Un hombre padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.
Desde su muerte y durante años, no podía dormir. Lloraba y lloraba hasta que amanecía. Hasta que se le aparece un ángel en su sueño, y le dice:
-¡Basta ya de llorar!
-No puedo soportar no verlo nunca más- respondió el hombre.
El ángel le dice:
-¿Quieres verlo? Y al confirmarle que sí, lo toma de la mano y lo sube al cielo.
-Ahora lo vas a ver, quédate acá.
A una orden suya, empiezan a pasar un montón de niños vestidos como angelitos, con una vela encendida entre las manos.
El hombre dice:
-¿Quiénes son?
Y el ángel le responde:

martes, 30 de julio de 2013

Entre lágrimas y euforia

El otro día, navegando por la red, me topé con este video de Alejandro Lerner, de hace muchos años atrás (1984, imagínense) sin encontrar ninguna versión actualizada. 
La canción se llama "Entre Lágrimas y Euforia", y la recordé cuando pasaba los peores momentos de mi vida. Conseguí el CD y me acompañó muchas noches cuando me sentía tan triste... que la ponía en mi reproductor y la escuchaba con audífonos, una y otra vez, hasta que agotada de tanto oírla y de tanto llorar, ya podía irme a descansar. 
No sé si a alguien le pueda interesar, pero... lo dejo igual.


martes, 9 de julio de 2013

Los hijos: un préstamo lleno de amor

Dicen que el texto que figura al final de esta nota pertenece al escritor José Saramago, Nobel de Literatura, aunque desconozco si es así. Sólo sé que  me parece hermoso y muy cierto.
Lo comparto aquí para que quienes hemos pasado por la experiencia de tener un hijo para perderlo después, recordemos que debemos agradecer siempre por su presencia en nuestra vida, haya sido de años o de días, pues lleva en sí misma la semilla del amor más grande.
Tal vez por eso mismo genera el dolor más profundo, pero nunca, nunca, ese dolor, esa tristeza, debe ser mayor que el amor. Ese amor es nuestra mayor bendición.
Un abrazo fuerte a todos.

"Hijo es  un ser que Dios nos  prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. 

domingo, 2 de junio de 2013

Amar es también decir adiós

En unos días se cumplirá un año de la muerte de Camila Sánchez Herbón, una bebé de tres años que jamás sintió las caricias de su madre ni su angustia ni su lucha por el único derecho que rogó para su hija: una muerte digna.

En este blog compartimos los padres que tuvimos que resignarnos a la separación de nuestros hijos, y muchas veces no logramos superarla, y en ese contexto una historia así pareciera no tener lugar, pero quisiera compartirla pues, por el contrario, creo que puede ayudarnos a comprender el valor auténtico de la vida y del amor, que no tiene relación con el tiempo ni con la trascendencia de lo vivido.

Tras un parto complicado, la niña nació muerta, pero se la reanimó durante 20 minutos y se la conectó a un respirador. “A partir de ese momento todo fue tristeza", dijo la madre, Selva. Como no respondía a  ningún estímulo, llenos de amor y esperanzas  la sometieron a diferentes tratamientos de estimulación, pero jamás logró recuperar ninguna función. No oía, no sentía, no hablaba, no se movía ni tenía conciencia, hasta que le declararon "estado vegetativo permanente", y comienza para los padres un proceso en el que deben definir qué tipo de “vida” está teniendo su hija, sólo sostenida por soportes de vida artificiales (que la proveen de alimento, agua y aire) y cómo deben actuar, queriéndola como la quieren.

La madre confesó en una entrevista que, alentada por

domingo, 28 de abril de 2013

El dolor no tiene bandera, ni raza, ni color


El otro día estuve viendo las estadísticas de este blog, y encontré que tiene visitas registradas de muchos países que no imaginé siquiera, principalmente de México (6982), España (3432), Argentina (2651), Colombia (2390), Chile (2093), Estados Unidos (1959), Perú (1801), Venezuela (1348), Ecuador (977), y Guatemala (272).
Al ver esto me invadió una sensación de hermandad muy grande, una ligazón con hombres y mujeres de
todas partes, que nos hemos unido en el momento más difícil: el de perder a un hijo.
Creo que de eso se trata, de pasar por encima de la geografía, la economía, la política y todo lo demás, y unirnos para darnos fuerza, para compartir nuestras experiencias y ayudar a otra persona que las pueda necesitar esa mirada humana, comprensiva, de quien ya pasó lo que otro está pasando en ese momento, y ....sobrevivió.
Cuando yo atravesé los peores momentos de mi vida, cuando murió mi hijita, sentía que los demás me daban palabras de aliento con muy buena intención pero que no sabían de lo que hablaban. Aquí sí lo sabemos, y por eso te escuchamos y te comprendemos.
Gracias por visitar este sitio, que no es un espacio para el dolor, sino, todo lo contrario,es una cadena de fe, de esperanza  y de solidaridad humana.
Un abrazo fuerte,

Luzma

sábado, 13 de abril de 2013

Nadie te ama como yo

Muchas veces, en los momentos de dolor, no puedo rezar, sin embargo alguna canción se cuela por mi mente y me ayuda a hablar con Dios.
Esta canción, me impactó mucho cuando la escuché por primera vez, pues refleja lo que Jesús te diría si pudieras escucharlo. Yo creía que el amor más grande es el de una madre, pero la verdad es que Dios nos ama más, y Jesús dio su vida para que lo pudiéramos entender.
En el dolor de la pérdida irremediable, pensamos que Dios nos ha abandonado, y no caemos en la cuenta que muchas veces somos nosotros los que lo hemos dejado solo a Él.
Sé que tal vez tu pena es terrible, un pozo oscuro sin fondo en el que no terminas de caer. Yo he estado en él, pero Jesús me ayudó a salir nuevamente a la vida.
Escucha esta canción, de la mano y la voz de Martín Valverde. Espero te sirva para comprender que nadie te ama como Dios...

miércoles, 3 de abril de 2013

Seamos instrumentos de consuelo en el dolor

Uno de los grandes cuestionamientos que mucha gente realiza cuando ve a un padre o madre que ha perdido un hijo, y aún no supera la pérdida, es: "¿Cuánto tiempo va a estar así?"
Desde mi experiencia, el tema no debiera ser el tiempo, sino lo que se busca alcanzar al cabo de ese tiempo.
El proceso de luto y duelo es un período que permite a los sobrevivientes adaptarse a la pérdida del ser querido. De ese proceso he publicado anteriormente, de modo especial en http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2013/03/la-necesidad-de-encontrar-un-camino-el.html, y las etapas ahí indicadas se verifican una y otra vez, con muy pocas excepciones, sin embargo, a veces las cosas se desarrollan de manera distinta los  porque que sufrimos no sólo no colaboramos, sino que jugamos a favor del dolor. Por ello es importante ser conscientes de qué es lo que esperamos, preguntarnos ¿qué es lo que YO quiero encontrar, al final de

sábado, 30 de marzo de 2013

Sobre la Esperanza de la Resurrección


Mañana es Domingo de Resurrección, y para los católicos esa es  la fecha principal del año litúrgico: la Pascua.
Quienes hemos perdido un hijo, a veces vemos con otros ojos este tipo de celebraciones, como que nos impacta menos, porque el dolor de la pérdida nos invade aún y perdemos la fe y la esperanza. Sin embargo, podemos superar esa etapa y volver a creer, y si creemos, podemos encontrar una mayor esperanza y fuente de consuelo. 
Personalmente, para mí la fe que profeso sería una mera filosofía sin la resurrección. Y yo creo en ella. de hecho creo que un día me reencontraré con mi hija, y con todos quienes me precedieron; no sé cómo será, pero confío en esa promesa. 
Para aquellos que se interesen, les dejo un texto sobre el Domingo de Resurrección y la fuente al final del mismo. El resaltado de textos, es mío.
El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.
La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles.
Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.
En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?

martes, 12 de marzo de 2013

La necesidad de encontrar un camino: El proceso de duelo


Navegando por la web encontré el sitio “Experto en Psicología” y de él copiaré un texto que me parece muy claro y útil para todos los que en algún momento pasamos por estas terribles experiencias de pérdida, o incluso para quienes desean comprender a quien está en una de ellas. Lo transcribo a continuación para ustedes. Un abrazo.

¿En qué consiste un duelo?

A lo largo de la vida nos encontramos con múltiples pérdidas, desde la muerte de seres queridos (padres, hermanos, pareja, amigos, etc.) a la pérdida de trabajo/s, rupturas de pareja/s, muerte de mascotas, cambios de residencia, etc. Como podemos ver vivir pérdidas es mucho más frecuente de lo que pensamos, de hecho es una parte inevitable de nuestra vida, y parece que en ocasiones no somos conscientes de que cualquier tipo de pérdida merece nuestra atención, es decir, necesita su periodo de duelo.

Proporcionar información sobre el duelo pretende ayudar a llevar (un poco) mejor este difícil proceso, y también facilitar el acompañamiento de seres queridos que se encuentren en estas situaciones.

El duelo es un proceso de elaboración, natural y adaptativo, que consiste en la integración de la experiencia de pérdida, al final del cual, lleva a la persona a experimentar un cambio profundo en su identidad.

Se ha escrito mucho sobre los duelos y coexisten diferentes modelos explicativos, vamos a quedarnos con el modelo de tareas/necesidades del duelo, el cual considera la elaboración del duelo como un proceso durante el cual la persona tiene diferentes necesidades y tareas que resolver para ir avanzando.

Veamos con un poco más de detalle qué ocurre en cada etapa, acompañado de relatos de testimonios que facilitan la transmisión de cómo nos podemos sentir en cada momento:

1. En un primer momento nos encontramos con la etapa de aturdimiento y choque. Es cuando la persona recibe la noticia, la conmoción del impacto amenaza la capacidad de reacción de la persona, por lo que se ponen en marcha reacciones tales como aturdimiento, descreimiento, negación, confusión, etc. La función de estas reacciones es mitigar el input de la noticia para preservar nuestra integridad. En otro extremo también se pueden dar reacciones  agudas de llanto, desesperación, etc. De hecho no es extraño que ambas reacciones coexistan, ya que oscilar entre mecanismos de evitación y de aproximación es el intento de manejar lo que sentimos. Por tanto la tarea principal de esta etapa es manejar los aspectos más traumáticos de la pérdida.
“Cuando el médico me dio la noticia me quedé conmocionado. No sé qué me pasó, no podía hablar. Salí de la sala y eché a correr, me di de bruces con la pared y empecé a golpearme la cabeza, no podía parar. Tuvieron que sujetarme.” (Joaquín)*

lunes, 31 de diciembre de 2012

Un nuevo año y el reto de volver a vivir

Sin importar el dolor que pueda haber hoy en tu corazón, tú estás vivo, viva, y tienes una misión: volver a amar y hacer que ese amor de frutos. Porque eso es lo que desearían nuestros hijos, aquellos que partieron y nos dejaron desolados de tristeza.
No festejes, si no deseas hacerlo, pero si crees en Dios, dale gracias porque, fuera como haya sido, compartiste la vida, compartiste el amor, y eso, siempre, es un regalo.
Deseo en este nuevo año que tu corazón sane y puedas, como muchos antes que tú, y de seguro como muchos más después, volver a sonreír y volver, no a sobrevivir, sino a VIVIR.



viernes, 21 de diciembre de 2012

¿Cómo vivir la Navidad cuando sufres por el hijo que perdiste?

Hay mujeres que por alguna razón pueden superar más rápidamente la muerte de un  hijo, pero para otras, la pérdida de un hijo pequeño, más aún un bebé o recién nacido, la época de  Navidad puede no ser un tiempo de alegría y entusiasmo, sino todo lo contrario, un momento que aviva el dolor, en lugar de brindar consuelo. Al menos esa fue mi experiencia.

Por dos años, los villancicos que hablaban del "Niño en la cuna" y de la alegría por el "nacimiento del Salvador",  me llenaban de rabia pues me sentía vacía de amor, y todo me parecía falso, ajeno. El gozo de la Virgen me parecía horrible, porque mi sufrimiento no cedía y la idea de la unión familiar me parecía vacía y sin sentido. Todo me sonaba a mentira, a farsa, porque mi corazón seguía destrozado. Reconozco que odié con todas mis fuerzas los adornos, los nacimientos (belenes), los preparativos y toda la fiesta navideña. De hecho el primer año no hice absolutamente nada navideño en mi hogar y el segundo, a regañadientes, le pedí a mi hija pequeña que pusiera algo ella, porque yo no estaba de humor para nada de eso.

En eso estaba, cuando el mismo 24 viví  una experiencia que resulta demasiado extensa para relatar, pero que me hizo aprender dos cosas:
  1. Pese a toda mi ira y mi dolor, yo seguía siendo cristiana, me gustara o no, y que el nacimiento de Jesús, el Hijo del Dios, era más importante que mi pena, aunque pareciera insensato decirlo.

Los hijos que parten con la aurora


En un post anterior (http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2012/10/que-es-la-vida.html), una lectora compartió  con nosotros el texto de líneas abajo. Su calidad y su capacidad de reflejar la experiencia por la que muchos hemos pasado, amerita que vuelva a publicarlo aquí.

LOS HIJOS QUE PARTEN CON LA AURORA

Los hijos que parten con la aurora, ¿adónde van?

¿Qué misteriosa llamada no han podido resistir sus jóvenes destinos? ¿Qué hicieron ellos con nuestro amor y con sus plegarias?

La noche ilógica no dejó que el alba diera a luz el día. Apenas unos pasos separan a veces la tumba del abismo. El tiempo es corto entre la sonrisa que lo arrullaba todavía ayer, y el cielo tabicado de una tumba.

El río no hallará nada de todo lo que le prometían sus sueños: la caricia ruda de las rocas, los besos de las hierbas y las hojas, el galopar por la cumbre de la montaña y por el raso indolente de los prados. -Apenas nacido, el océano ya lo ha tragado.

Los hijos que parten con la aurora nos dejan con nuestros besos perdidos y con el peso de nuestro cariño inútil. Nos dejan con ese amor que nos tritura, que arrastra sus cruces y pesares. -Nuestros besos perdidos y nuestras amarguras que, éstos sí, jamás nos abandonan.

Y se nos dice: «La vida sigue y sigue. Tenemos que seguir también con ella». Pero nosotros, con la obstinación de pobres gentes que nada entienden del fragor de su futuro aniquilado, nosotros nos preguntamos: «¡Qué importa el camino que lleva hasta la tarde si hemos de marchar sin nuestro hijo!». Aquél que roba nuestros hijos, roba también el sabor de los frutos del jardín de la tierra, roba la esperanza de las estrellas y la calma de las horas. Y hace del cielo un mármol frío donde yacen nuestras súplicas. Nuestras súplicas; ¿quién las oye? ¿quién las oirá jamás? Si el cielo oyera las plegarias de una madre, el mármol se quebraría y su hijo volvería.

domingo, 28 de octubre de 2012

¿Qué es la vida?

Acabo de responder un comentario de una joven madre que perdió a su bebé a las 12 semanas de espera. Ella ha escrito al blog en el post inicial del mismo, en el 2010, y al responderle confirmo una vez más el valor de un medio como éste: podemos unirnos y apoyarnos sin importar el tiempo transcurrido. las palabras siguen ahí, y el sentimiento también.
Sin embargo, la vida sigue pasando, cada día, y para unos es sólo una sucesión de días, para otros una sucesión de oportunidades de vivir, un día tras otro.
Por un tiempo largo la vida para mí fue lo primero. Un túnel oscuro que no me mostraba luz por ningún lado. Era un tedioso levantarme cada día para continuar "viviendo". Ni mi esposo, ni mis hijos, ni nada en mi entorno hacía que cambiara mi forma de sentir, por más que lo quería. Pero pasó el tiempo,   y entre el amor de mi marido (y su paciencia infinita) y el de mi familia (y su paciencia infinita), mi corazón empezó a sanar y entendí que sería un camino largo, muy largo, pero que ya me mostraba un poco de luz al final.

martes, 24 de julio de 2012

Cómo vivimos con tanto dolor

Hay enfermedades que han tomado un gran protagonismo en las últimas décadas, como por ejemplo el cáncer, el mal de Alzheimmer, entre otras. Sin embargo creo que una de las más preocupantes es el estrés, que no es otra cosa que una respuesta psicosomática, es decir, una respuesta del cuerpo a una preocupación de la mente o el espíritu.

Cuando alguien pierde un hijo, el sufrimiento es tan profundo y queda tan inconsolable que fácilmente las personas desarrollan males físicos que sólo tienen su origen en lo más profundo de su alma.
Cuando me pasó a mí, desarrollé un dolor intenso en el abdomen que yo pensé sería una consecuencia de la cesárea de emergencia que me realizaron y que, en lo secreto de mi corazón, esperaba me llevara a un final fatal para poder reunirme con mi hija.

Después de aguantar en silencio el dolor por varios días, y ya segura de que no me mataría, decidí consultar al médico y me disgnosticó un problema de colon por estrés agudo. Hace poco, recordando ese episodio, estuve navegando y conversando con varias personas sobre el tema, por lo que publico aquí los síntomas más comunes de este mal, para que puedan ser identificados y faciliten que la persona reciba atención médica. El dolor por la pérdida no pasará, pero es necesario enfrentarlo con un cuerpo tan saludable como sea posible para no hacer más difícil algo que nadie puede aliviar.

Entre las respuestas emocionales más comunes están: 
Problemas de memoria, miedo, ataques de ira que se presenta sin razón, depresión, cambios inesperados de humor, sentimiento de culpa y, muchas veces, deseo de venganza.

domingo, 2 de octubre de 2011

Compartiendo el dolor, la esperanza y el amor


El pasado 27 recordamos 13 años desde que nuestra pequeña belleza se fue luego de sólo 12 días de estar entre nosotros. En ese breve tiempo nos dejó su dulzura y su ternura, y quedamos con ella en una deuda impagable que llevaremos hasta el día en que nos volvamos a ver.

En la misa y en el cementerio, dejándole una flores, pensaba cómo fue que logré sobrevivir. Contra lo que suelo hacer, ese día recordé cómo me sentía al principio, ese vacío hondo y oscuro en el que creía caer sin fin, ese no ser comprendida por nadie, ese querer morirte como única vía para dejar de sufrir.

Y aquí estoy. Con una nueva pequeña ya de 11 y un matrimonio que si bien sufrió en el proceso hoy sigue a pie firme su camino.

¿Qué hicimos? Nada que tú o alguien que esté sufriendo lo mismo no pueda hacer: darse tiempo, permitirse el dolor y el proceso de sufrirlo, abrir las puertas a la fe y a la ayuda de quienes tienen la capacidad para darla, y confiar en que en el plan de Dios todo tendrá sentido un día... No hay dolor más grande en la vida, pero también es la oportunidad más grande que tenemos para decirle a Dios: "gracias por lo que me diste y por lo que hoy me das". Sé que algún día nos contestará.

Un abrazo fuerte para todas las madres que sufren o han sufrido una pérdida como ésta. Estamos unidas, no en el dolor, sino en el amor.

jueves, 19 de mayo de 2011

No sé qué hacer después de su muerte...

La  siguiente es una adaptación de un artículo que hallé en la red y que contempla de un modo muy profesional sugerencias de posibles alternativas de superación de la pérdida.

Un padre no debería tener que enterrar a un niño. La muerte de un niño parece como algo “fuera de lugar”, “fuera de orden” y equivocado. Cada fibra de nuestro ser llora diciendo “¡no es justo!”, y realmente no lo es, porque la justicia no tiene nada que ver en esto... El dolor se va haciendo más grande con los días, conforme vamos “aterrizando” en la nueva realidad y uno se da cuenta que este es uno de los momentos más difíciles y dolorosos en la vida.
No solo sentimos el dolor por la pérdida de nuestro hijo sino también la pérdida de nuestros sueños y esperanzas para el futuro. Nuestros peores temores se han hecho realidad y nos sentimos responsables de haber fallado en el sagrado deber de proteger a nuestro hijo. Nuestra vida estaba centrada en él y parece que nada más importa, como si la vida ya no mereciera ser vivida.
Usted está viviendo una pesadilla por la cual nadie debería tener que pasar y el dolor es el precio que usted tiene que pagar por amar.

¿Qué me está pasando?
El dolor es una reacción natural y normal ante la pérdida. Es una respuesta física, emocional, espiritual y psicológica. Es un proceso complejo que afecta cada aspecto de su vida. Amor, ira, miedo, frustración, soledad y culpa son una parte del dolor.

sábado, 30 de abril de 2011

Cuando el tiempo es escencial: La Ley Brunito


Muchas veces la tragedia no llega a un hospital, y se aparece en una calle cercana, a veces a la vuelta de la esquina. A veces un niño está cogido de la mano de su madre y en unos segundos desaparece de su lado y el mundo se convierte en una vorágine de desesperación y angustia.


Sólo quien alguna vez tuvo esa experiencia sabe lo terrible que es.
A mí me pasó, aunque logré hallar a mi hija sólo un poco después, y logré restituir la paz de mi vida, pero no siempre el resultado es feliz. Esto es lo que les pasó a los padres de Bruno Rodríguez Rojas, un hermoso y dulce niño de once años, que debido a sus problemas de autismo, se asustó en el centro de Lima y se soltó de su mamá.


Pese al clamor de la familia, por alguna infeliz  norma la policía no recibe denuncias de extravío hasta después de 24 horas, pese a que, según los informes de instituciones expertas en estos temas, es justo en ese plazo cuando se puede actuar con efectividad y evitar una desgracia, y por lo lo tanto no colaboró en la búsqueda del niño. A Bruno esa norma le costó la vida, pues pese a que sus familiares lo buscaron con desesperación, no pudieron evitar que muriera arrollado por un tren.

martes, 19 de octubre de 2010

Caminando hacia la paz

En blogs y portales que tratan el tema de la pérdida de un hijo, se reciben comentarios muy diversos de cómo se siente una madre cuando pasa por ese trance. Son palabras verdaderamente desconsoladoras, como es natural, y cada una relata cómo su mundo se derrumbó, de manera particular, pues las personas somos diferentes y vivimos las mismas experiencias de forma distinta según nuestras costumbres, circunstancias y credo, especialmente. 
Mi vivencia es única como la de todos lo es, y si mi esposo y yo salimos adelante, lo bien o mal que lo hayamos hecho fue fruto de múltiples factores, pero en parte por la ayuda que mucha gente me ofreció su mano, su palabra, su aliento. Cuando pienso en ello y leo los comentarios que mas mujeres publican en la red, veo que  aunque las realidades puedan ser un poco distintas existen algunas imágenes comunes, cierta forma de expresar un dolor tan, pero tan profundo, que nos remiten a algunos aspectos que podríamos compartir y aprender algo de ellos. Y por eso tomaré algunas para compartirlas y comentarlas.
Leo, por ejemplo, “una madre que pierde a un hijo queda muerta en vida, se queda con los brazos vacíos y con el vientre hueco, sin nada, si tiene más hijos vive por ellos pero sin ganas, con el tiempo, con los años empieza a aminorar ese dolor y como dices a sonreír otra vez y empiezan a nacer ilusiones otra vez, pero esa herida queda en lo más profundo de tu alma, un dolor que solo morirá contigo”. Y es así, en realidad, el dolor no es algo que pasa poco a poco en un tiempo más o menos corto, como pasa en otras pérdidas (de un padre, hermano, abuelo, etc.), muchas veces se reanuda la vida pero… a medias. No siempre las mujeres tienen la capacidad de reiniciar la vida y volver a enfrentarla con valor y disfrutarla con alegría. En algunos casos el rencor contra alguien o algo que fue determinante en la pérdida (por un tema de responsabilidad en el fallecimiento, por ejemplo) no permite pasar a otra etapa, por lo que podríamos sacar una primera recomendación: PERDÓN.
Si hay algo que resolver o gestionar (una responsabilidad culposa o criminal, por ejemplo) pues deberá hacerse, pero sin que el corazón se estanque en la cólera y el odio, pues el espíritu de tu hijo, que está vivo, no querría a una madre o un padre consumiéndose en sentimientos negativos, con amargura y agresividad en su corazón, y nada bueno sacarás del enfrentamiento, del rencor, de la ira que busca una venganza que sabemos, es inútil.
Otra mujer escribe que “se queda balbuceando las canciones de cuna que ya no encuentran eco en los oídos de su hijo amado, no importa a qué edad se les haya ido, es su hijo y ya no lo tiene. Y así nos quedamos tratando de encontrar repuestas al porqué de las cosas. No importa cuanto se diga, cuanto se estudie o investigue acerca de la muerte y sus efectos, ninguno nos puede asegurar o garantizar cuanto tiempo estaremos en ese estado de confusión, rabia e impotencia. El dolor no nos permite vislumbrar ni remotamente la posibilidad de encontrar alivio”. Y yo recuerdo cuando junto a mi esposo íbamos de un especialista a otro buscando comprender cómo pudo morir una bebé que estaba perfecta durante todo su desarrollo prenatal. Y no importaba lo que nos dijeran, nada era suficiente. Y nunca nada lo será, porque nada variará la realidad. En este caso, la recomendación sería: ACEPTACIÓN.
Si puedes aceptar que no todo tiene una respuesta podrás entender que sólo estás martirizándote inútilmente, pues por más que te aflijas y llores nada cambiará, sólo llenarás tu alma de pena y postergarás la posibilidad de aprender a vivir siendo aún madre/padre de tu niño aunque no lo veas contigo.
Un tema que hace una gran diferencia es la fe que se profese o la falta de ella. Cuando leemos “quiero que sepas que tu hija no está muerta, ella vive con Jesús en el cielo, ahí te está esperando donde se reunirán para siempre, mientras llega tu tiempo tienes que vivir hasta que Dios lo disponga así” veo a una persona que encontró consuelo en su fe y eso es algo maravilloso, porque tuvo algo que difícilmente se puede conseguir: ESPERANZA.
Las personas que creen en un mundo después de éste, en la forma que sea, tienen el consuelo de un mañana, de una nueva oportunidad. Yo creo en Dios y en su promesa de Vida Eterna, y creo que mi bebé está conmigo aquí, pues Dios no está lejos (en un “cielo”) sino entre todos los que le aman. Eso me ha dado fortaleza y nos permitió volver a vivir, teníamos una esperanza concreta, pero pienso que para quienes no creen, debe ser muy difícil porque se quedan sólo con un recuerdo y nada más.

lunes, 27 de septiembre de 2010

A María Laura, in memoriam

Hoy recordamos la partida de nuestra hija,  María Laura.


Tan poco tiempo y aprendimos tanto de ti. 


Tu paso fugaz no se ha borrado ni lo hará jamás.

Han pasado 12 años... y el amor sólo crece y crece...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

María Laura nació hace doce años

María Laura en brazos de su padre,
siete días aproximadamente.
Hoy mi hija María Laura hubiera cumplido doce años.
La vida hizo que sólo pudiera tenerla doce días. Intensos y preciosos... pero son tan poco doce días...!

Pero ya no lloro. Creo haber llorado tanto los primeros años que pensé que ya nunca podría llorar otra vez, pero no fue así. Sólo aprendí a vivir con la pena y a sentirla muy dentro de mi corazón sin que mis ojos se inunden, mi garganta se cierre y nada pueda detener las lágrimas que se agolpaban entre mis párpados y el corazón.

Muchas veces pienso qué hubiera pasado de ser otro el destino... cómo luciría hoy....aún en contra del profesor de historia que me enseñó que "nunca es buen negocio pensar en la historia de lo que pudo ser y no fue". pero al poco me controlo y trato de no pensar, mejor dicho, de no volver al martirio del sufrimiento vano, absurdo.

Repaso las pocas fotos que tengo de ella (pues pensé que tendría toda la vida para tomarle más) y siento que tanto amor tiene que encontrar un día su destino. Pienso en ella con amor infinito y con una tristeza sorda... casi transparente. Como esas cosas que tenemos sin saber por qué pero incapaces de deshacernos de ellas.

Trataré de huir de la nostalgia y volcar ese amor en mis hijos, mi familia... un año más.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Si la muerte es sólo una transformación

Navegando por la red he conocido algo de una mujer muy especial, porque dedicó gran parte de su vida a trabajar ayudando a la gente a prepararse para morir. A muchos les parecerá algo macabro, sin embargo puede ser un servicio tan valioso e importante como ayudar a nacer.

Elisabeth Kübler-Ross  (1926-2004) fue una médico psiquiatra, nacida en Suiza, sobreviviente de un campo de concentración, que estudió por muchos años la transición entre la vida y la muerte, e hizo de ese proceso el objeto de su estudio, su práctica y su docencia. Parte de esos años de investigación desarrolló un modelo que lleva su nombre (modelo Kübler-Ross), que define el proceso del ser humano, al enfrentar la idea de su propia muerte, en 5 etapas: 1) negación, 2) ira, 3) negociación, 4) depresión y 5) aceptación. 

Sin embargo, aunque dedicó mucho de su vida al acompañamiento de moribundos apoyándolos en su encuentro con la muerte, a ellos y a sus familias, la parte más notoria de su trabajo probablemente no sea esa sino una mucho más controversial: sus investigaciones sobre la vida después de la muerte. 

jueves, 22 de julio de 2010

Donde se encuentran la Fe y la Esperanza

El día de ayer, durante una reunión de padres que preparamos a nuestros hijos para recibir la Primera
Comunión,  se realizó una lectura de reflexión sobre nuestra fe en Dios y los momentos en los que las circunstancias la ponen a prueba. Me tocó en suerte dar mi opinión y sin querer tuve que regresar al momento en que mi hija murió y cómo lo afrontamos mi esposo y yo.

Debo decir que han pasado muchos años y  he vivido muchas experiencias que me hacen creer que lo he superado en gran medida y ahora puedo vivir de una forma más positiva con ello, pero igual me fue difícil tomar la palabra y compartir el tema. Cada vez que la circunstancia me hace compartir le hecho con otras personas mi primera reacción es hablar de modo que nada pueda sr mal interpretado y que a la vez puedan tener una idea de lo que significó para nosotros. Y es muy difícil. Parece que algo dentro de mí me dijera que debo hacerlo con la mayor delicadeza pues de otro modo algo se quiebra dentro de mí. Es como tener un jarrón extremadamente fino guardado en una vitrina especial, pero de pronto debes sacarlo y llevarlo a otro sitio y luego guardarlo de nuevo, y entonces todas las precauciones son pocas para caminar con él entre manos.

martes, 13 de julio de 2010

Cosas que jamás se deben decir a quien perdió un bebé en el embarazo

Aunque ya he publicado algo de esto en un post anterior (Cuando no sabemos qué hacer, qué decirle a los padres... Cómo dar las condolencias), quiero compartir  con todos un extracto del artículo publicado en http://sinsiquieraconocernos.blogspot.com/2010/04/que-no-decir-quienes-perdieron-un.html#comment-form, blog de una joven mujer ecuatoriana, Paz, pues creo que es absolutamente adecuado a la experiencia de la mayoría de personas que pasan por la triste y dolorosa experiencia de perder a un bebé no nacido
Creo que sus consejos son también aplicables en los casos en que que murió un bebé de pocos días.

Que NO decir a quienes perdieron un embarazo
Este post se refiere únicamente a madres que perdieron un embarazo, no a madres que perdieron un hijo ya nacido. No me malinterpreten, cualquier tipo de pérdida es igual de importante, pero este post va para las que perdieron un embarazo porque parece ser que la sociedad desvaloriza la pérdida de un embarazo, piensan que como el bebé nunca llegó a nacer es menos importante, y por ello tienen comentarios en donde se resta importancia al sufrimiento de perder un embarazo. Nunca faltan las personas con comentarios que en vez de hacernos sentir mejor nos ponen peor, sé muchos no lo hacen con mala intención, por eso decidí escribir este blog, para que sepan lo que NO se debe decir:

  • Fue para mejor (¿cómo puede ser la pérdida de un hijo algo "bueno"?)

viernes, 9 de julio de 2010

Esperando el reencuentro


En un blog argentino (Seguir viviendo sin vos), he encontrado una frase que no había leído antes. Si fuésemos capaces de saber cuándo y dónde volveremos a encontrarnos de nuevo, nuestra despedida sería más tierna.  Y es totalmente cierto.

Probablemente lo más terrible de la muerte de alguien que amamos  es la noción de la separación definitiva, terminal, que nos deja impotentes para hacer nada, un último beso, un último gesto, una última sonrisa. El saber que nunca más... es lo que nos rompe el alma. Como dice Serrat en una canción:... "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio".

Y por eso quienes tenemos fe en una vida posterior (sea cual sea tu religión) tenemos un consuelo, aunque sea sólo en una promesa. Pero creemos que ese día llegará, tarde lo que tarde.  Lo que no sé es cómo superaran esa separación quienes no creen en nada, sean ateos o agnósticos. No me lo imagino. debe ser un duelo lleno de desesperanza y soledad.

jueves, 8 de julio de 2010

Ser padres de un hijo que ya no está

Entre las muchas cosas que personas cercanas me dijeron para tratar de ayudarme a superar la muerte de mi pequeña bebé, recuerdo una de forma especial. Un sacerdote me dijo que aunque mi hija no estuviera conmigo, yo seguiría siendo su madre. Y esa es una idea que me cambió el panorama por completo. No eliminaba el dolor ni la angustia de la ausencia, pero me daba una dirección en la cual caminar: aprender a ser madre de una hija que no estaría conmigo, pero que seguía siendo mi hija. Y yo su madre.

Creo que eso es algo realmente importante, porque nos ayuda a enfocar nuestra atención en el vínculo más que en la pérdida  pero, más allá de lo efectivo que pueda resultar como recurso psicológico, nos permite mantener, de una manera saludable el lazo afectivo y vital. Y de esos lazos es que se nutre el corazón ¿no es así?

Cuando somos padres de un hijo que no está, lo mantenemos incorporado a

Cuando no sabemos qué hacer, qué decirle a los padres... (Cómo dar las condolencias)

Cuando pasé por la pérdida de mi hija, recibí muchas muestras de afecto y solidaridad, sin embargo, cunado las personas me daban las condolencias, algunas realmente me provocaban más tristeza que el consuelo que pretendían ofrecerme, en una medida muy superior de la que hubieran podido imaginar. La razón es que en ocasiones queremos que los demás resuelvan la situación, o la superen, como nosotros creemos que sería más adecuado... sin haber pasado por ella.

Claro que no es necesario haber estado embarazada para poder explicar cómo nace un niño o ser estrella de fútbol para poder dirigir al equipo, pero hay situaciones que son extremadamente "personales" y se basan en gran medida en nuestros sentimientos, por lo tanto quien jamás se ha acercado a esa situación puede ayudar poco con recomendaciones, que a veces pueden resultar  muy dolorosas.

Recuerdo que una de las cosas más horribles que escuché, de boca de una madre de familia, fue: "No te preocupes, trata de no pensar en ello, pasa la página y verás que pronto lo habrás olvidado".

Es un comentario bastante común y terriblemente duro y absurdo. ¿Puede una mujer olvidarse que tuvo un hijo? ¿Puede "pasar la página" y olvidar todo lo que lo esperó y lo amó en el tiempo que compartió con él, fueran años, meses o sólo unos pocos días? Es algo imposible. Y cuando me dijeron eso sólo me mordí los labios y traté que enfocarme en la buena intención de la persona más que en el contenido de sus palabras, pero me dolía demasiado pensar que alguien pretendiera que yo olvidara a mi preciosa bebé...a la cual, todo lo contrario, trataba de recordar como si cada momento fuera un precioso tesoro... y creo que sigue siendo así.

De otro lado están quienes como no saben qué hacer, mejor ni se acercan,

viernes, 25 de junio de 2010

¿Cuánto tiempo lleva recuperarse de la pérdida de un hijo?

Cuando me sucedió, muchas veces escuché a personas que me querían mucho, decir cosas como: "No
puedes seguir llorando por lo que pasó", "Ya es tiempo de que voltees la página y sigas adelante" o "Ya debes intentarlo de nuevo", y la verdad es que no sé por qué pensaban que podían saber si era tiempo o no de hacer cualquier cosa.

Creo que el tiempo que toma superar un trauma así es algo que nadie puede saber salvo la persona que pasa por el duelo y que es quien puede sentir si tiene o no las fuerzas para realizar algo. Salvo que se trate de algo extremo (como desarrollar cuadros de histeria o llanto sin consuelo en lugares públicos después de varios meses) que puede requerir una ayuda profesional, las personas reaccionan de diferente modo, no sólo porque cada persona es diferente (cada matrimonio también y eso influye en cada padre/madre, incluso si están separados o se trata de un padre/madre

jueves, 24 de junio de 2010

Aprendiendo a vivir con nuestro dolor

Una de las cosas más difíciles por las que tuve que pasar, tras la muerte de mi bebé, fue poder ver a otros bebés. En la calle no podía ni mirarlos y evadía todo lo que fueran cochecitos y gente con niños cargados.

En mi trabajo con cierta frecuencia se acercaban madres con sus pequeñines y todo se volvía gracias y mimos y en ese momento yo tenía que salir, disparada, hacia el baño, encerrándome ahí a llorar. Mis compañeras fueron muy comprensivas y me dejaban tranquila hasta que la visita se retirara y yo pudiera recobrar la compostura y volver a salir. Pero era terriblemente difícil.

La Navidad se hizo un tiempo especialmente difícil, pues por más que mi fe fue la tabla de salvación más poderosa, no podía escuchar aquello del "niño en la cuna" sin sentir rabia y una profunda amargura. Me resultaba imposible cantar un villancico o siquiera poner en nacimiento en casa. Fue una navidad tan horrenda y triste que no quisiera recordarla. Envié a mis hijos mayores con su padre y a mi esposo a pasarla con su mamá, mientras yo lloraba inconsolable en mi cama.

martes, 15 de junio de 2010

¿Dónde encontrar consuelo?

Este es un tema grande como el mar, y esta relacionado con una infinidad de aspectos, como la cultura, las tradiciones familiares, las experiencias previas, la religión y el propio carácter.

Está por ejemplo el uso del "luto", es decir, vestirse de negro o combinaciones de negro, gris y blanco, por un tiempo determinado. Unos usan un mes otros 6 meses y los más radicales van hasta el año, aunque cada vez son menos. Para muchas personas esto no tiene mayor trascendencia y es un tema sin importancia, sin embargo para otros es algo de ley. Se cumple y punto, tal vez teniendo la idea de que de no hacerlo así se está ofendiendo la memoria del difunto, y por lo tanto encuentran un consuelo en ello, ya que están "honrando su recuerdo".

Otro aspecto es la visita al cementerio. En las grandes ciudades que tienen cementerios muy distantes, eso es una complicación, sin embargo en ciudades pequeñas es todavía una costumbre, casi un ritual, practicado por muchos. Generalmente es

lunes, 14 de junio de 2010

¿Quién se preocupa del padre tras la pérdida de un hijo?

Creo que usualmente la respuesta es sí, porque somos quienes tuvimos a ese ser en gestación y en las
madres recae la mayor parte de la crianza, lo que conlleva una mayor carga de recuerdos, experiencias, momentos especiales, sin contar que las mujeres por naturaleza suelen ser (hay excepciones) más sensibles y sentimentales, con el aspecto emocional más desarrollado y libre.

Las mamás suelen sufrir la pérdida de una forma casi visceral, como si parte de su cuerpo se fuera de ellas. es natural, a mí me ha pasado y puedo dar fe. Creo que ya nunca fui la misma, me quedé sin una parte. Pero con lo que quedó pude volver a vivir y rehacer una vida que anhela la felicidad como todos, pero siempre ese espacio quedó como hueco...

Sin embargo no siempre es así. hay padres

martes, 8 de junio de 2010

¿Cómo enfrentar la muerte de un hijo?

Para mí es muy difícil escribir un espacio así, pero después de más de diez años, creo estar en condiciones para hacerlo y tal vez pueda serle de utilidad a otras mujeres que como yo, tuvieron que aceptar lo que jamás soñaron: que su hijo o hija ya no estaría más en sus brazos.

Sobrevivir a eso es muy difícil, pero más lo es volver a vivir. Porque definitivamente no son la misma cosa.

He visto a personas que lo superaron, al menos en apariencia, con relativa facilidad, mientras que otras no lo superan jamás. Mi experiencia fue muy dura y luego del tiempo transcurrido veo que algunas cosas pude hacerlas mejor, para no causar más dolor a quienes amo, aunque en ese momento no parecía importante. Unos sobreviven y otros volvemos a vivir. Unos aprenden de lo vivido y otros parecen no haber cambiado en nada. ¿De qué depende? ¿Cuál es el secreto?

Es bueno empezar diciendo que no lo sé, si es que existe alguna receta infalible, pero creo que saber que otras personas pasaron por algo similar a lo que vives tú, ayuda. Y también ayuda que