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lunes, 1 de junio de 2020

Luis Alberto Rabanal Smith, in memoriam

Hace muy poco desperté con una noticia terrible que abrió paso a una tristeza tal que en un instante se volvió parte de mi equipaje: el hijo de una muy querida amiga, mi cuñada durante mucho años, había fallecido instantáneamente en un trágico accidente de auto.
Fue así de simple y de terrible. En un instante terminó su vida en la Tierra y al siguiente todo cambió, él inició una vida diferente y se inició otra también diferente para todos los que lo amaban. Se detuvo su camino, dejó de escucharse su canción y sólo quedaron los demás en el sendero, ya sin él.
Yo lo recuerdo más como un niño muy lindo, pero a través de los años vi cómo creció a la distancia para convertirse en un hombre joven, lleno de alegría, de sueños, de música, con un corazón sensible, muy amoroso con su familia y sus cinco hijos, una vida entrelazada con otras vidas que gozaron con su presencia, su alegría y su amor.
Para los padres que hemos recorrido ese camino, como son quienes acuden a este blog, ese momento indescriptible, ese dolor sin fin no es una experiencia extraña, y sabemos bien que es una experiencia que te marca tan profundamente que fija un antes y un después en tu vida. A partir de ahí te hace parte de una hermandad muy exclusiva en la que ingresas sin pedirlo y de la que ya no puedes irte, porque sabes que sólo quienes han vivido lo que tú, comprenden lo que sientes. Lo bueno es que quienes han vivido lo que tú, entienden cómo poco a poco te vas convirtiendo en alguien que camina por la vida con un hueco en el alma, y que aunque al inicio no sabes cómo hacerlo y sólo sientes cómo duele sin descanso, con el paso del tiempo, vas a aprender a convivir con ello, sobreviviendo, primero, y empezando nuevamente a vivir, mucho después. Y ésa es la esperanza.

miércoles, 7 de junio de 2017

07 años caminando juntos...

Este 08 de junio se cumplen 07 años de permanencia de "Sobreviviendo a nuestros hijos" en la red y quiero compartirlo con ustedes.
Como saben, este Blog nació como un compromiso solidario para compartir experiencias y aprendizaje de vida y esperanza con quienes pasaron (y pasan) lo que viví junto a mi familia una vez, sin embargo se ha convertido con el tiempo en un espacio para el diálogo, para escuchar el dolor de quienes sienten que no pueden con la carga, para entender que no estamos solos, que somos muchos y que podemos superar nuestra tristeza, por más profunda que sea, y volver a vivir, por amor a nuestros hijos. Dejó de ser un espacio para decir y se convirtió en uno para aprender.
Debo confesar que cada nuevo mensaje que recibo de un lector o lectora, me llena de pena y angustia, porque sé lo mucho que deben estar sufriendo. Su dolor me exige dar lo mejor de mí para ayudarlos a sentirse acogidos, comprendidos, aceptados, y a la vez tratar de orientarlos en dirección a la calma y la paz que toda alma atormentada necesita y merece. Si lo he logrado en alguna medida, me sentiré más que bendecida.

martes, 9 de junio de 2015

Cinco años caminando juntos

Ayer se cumplieron cinco años desde el día en que iniciamos este Blog, "Sobreviviendo a nuestros hijos", con mucha incertidumbre de lo que podría resultar y si serviría de algo a alguien, pero con gran esperanza de poder contribuir en alguna medida, sabiendo lo que pasan quienes en algún momento viven lo que vivimos un día mi esposo y yo.

Cinco años después nos sentimos impresionados con el volumen de visitas y la cantidad de personas que, en su proceso de luto, han encontrado en este espacio una posibilidad de ser escuchados y comprendidos, lo que esperamos sea, o haya sido, una ayuda en su proceso de superar la terrible experiencia de perder a un hijo y empezar a sanar las profundas heridas que deja su vacío.

Aquí seguimos, escuchándolos, sintiendo su pena y su angustia, comprendiendo sus dudas y decepciones, pero también tratando compartir un poco de nuestra experiencia para que cada uno de ustedes pueda aprender algo que le haga más llevadero el camino, de por sí difícil y solitario, de sobrevivir a un hijo.

Este espacio ha crecido gracias a la participación de cada padre y cada madre que ha ingresado y decidió compartir su pena y su vivencia. Gracias por hacerlo. Entre todos nos podemos ayudar, y creo que eso nos ayuda a caminar pasito a paso y comenzar en algún momento a dejar de sobrevivir y empezar a vivir. Estoy segura de que eso provoca muchas sonrisas en el cielo.

Un abrazo,

Luzma

viernes, 4 de julio de 2014

El lazo no se corta jamás

Encontré esto navegando por la red. Una versión se lo adjudica a San Agustín de Hipona, pero me inclino más a considerarlo de Charles Péguy, (1873-1914), filósofo, escritor, poeta y ensayista francés, que aparece como autor en otros sitios visitados.
Creo que es un hermoso texto que puede ayudarnos, en medio del dolor más profundo, a encontrar un poco de esperanza y de paz. Estoy completamente segura de que si nuestros hijos pudieran hablarnos, desde donde quiera que estén, esto es lo que nos dirían:


lunes, 5 de mayo de 2014

Dolor y amor en el Día de la Madre

Un nuevo Día de la Madre se acerca, y aunque debo reconocer que mi vida ha reencontrado su curso y ya puedo disfrutar de la alegría de estas fechas, sin que por ello dejen de tener una cuota de tristeza, pienso en todas las madres que han perdido un hijo(a), especialmente si lo han hecho recientemente, pues aún estarán caminando en esa neblina absoluta, sin ver nada ni a nadie, sin saber siquiera dónde estás, sólo  sintiendo ese vacío tremendo que te destroza el corazón.
Sólo quisiera decirle a quienes se sientan así, que es normal, que no están mal por sentir que se hunden en un pozo negro y sin fin. Todo es parte de un proceso de separación lento y doloroso, que parece más difícil cuánto más se amó, y es una nueva forma de vivir que requiere toneladas de valor y coraje.
Esta vez me limitaré a resaltar cinco cosas que he escrito de seguro en alguno de los post de este espacio que existe para ustedes:
  1. Aunque tu hijo(a) no esté contigo, sigues siendo su madre.  Entiéndelo y asúmelo como parte de tu vida. Saberlo no eliminará la pena ni el dolor pero puede ayudarte a encontrar un nuevo sentido a tu vida: aprender a ser la madre de un hijo(a) aunque no lo veas o no esté a tu lado. 

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Estamos pensando en ellos o en nosotros?

Hace poco escribí que amar a veces es saber decir "adiós" (http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2013/06/amar-es-tambien-decir-adios.html). Quienes hemos perdido un hijo sabemos lo difícil que es y e el proceso de descubrirlo es largo y muy duro.
Encontré esta historia en la web. Tal vez le sirva a alguien (va con un abrazo).

LÁGRIMAS DE UN PADRE
Un hombre padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.
Desde su muerte y durante años, no podía dormir. Lloraba y lloraba hasta que amanecía. Hasta que se le aparece un ángel en su sueño, y le dice:
-¡Basta ya de llorar!
-No puedo soportar no verlo nunca más- respondió el hombre.
El ángel le dice:
-¿Quieres verlo? Y al confirmarle que sí, lo toma de la mano y lo sube al cielo.
-Ahora lo vas a ver, quédate acá.
A una orden suya, empiezan a pasar un montón de niños vestidos como angelitos, con una vela encendida entre las manos.
El hombre dice:
-¿Quiénes son?
Y el ángel le responde:

martes, 30 de julio de 2013

Entre lágrimas y euforia

El otro día, navegando por la red, me topé con este video de Alejandro Lerner, de hace muchos años atrás (1984, imagínense) sin encontrar ninguna versión actualizada. 
La canción se llama "Entre Lágrimas y Euforia", y la recordé cuando pasaba los peores momentos de mi vida. Conseguí el CD y me acompañó muchas noches cuando me sentía tan triste... que la ponía en mi reproductor y la escuchaba con audífonos, una y otra vez, hasta que agotada de tanto oírla y de tanto llorar, ya podía irme a descansar. 
No sé si a alguien le pueda interesar, pero... lo dejo igual.


martes, 9 de julio de 2013

Los hijos: un préstamo lleno de amor

Dicen que el texto que figura al final de esta nota pertenece al escritor José Saramago, Nobel de Literatura, aunque desconozco si es así. Sólo sé que  me parece hermoso y muy cierto.
Lo comparto aquí para que quienes hemos pasado por la experiencia de tener un hijo para perderlo después, recordemos que debemos agradecer siempre por su presencia en nuestra vida, haya sido de años o de días, pues lleva en sí misma la semilla del amor más grande.
Tal vez por eso mismo genera el dolor más profundo, pero nunca, nunca, ese dolor, esa tristeza, debe ser mayor que el amor. Ese amor es nuestra mayor bendición.
Un abrazo fuerte a todos.

"Hijo es  un ser que Dios nos  prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. 

domingo, 2 de junio de 2013

Amar es también decir adiós

En unos días se cumplirá un año de la muerte de Camila Sánchez Herbón, una bebé de tres años que jamás sintió las caricias de su madre ni su angustia ni su lucha por el único derecho que rogó para su hija: una muerte digna.

En este blog compartimos los padres que tuvimos que resignarnos a la separación de nuestros hijos, y muchas veces no logramos superarla, y en ese contexto una historia así pareciera no tener lugar, pero quisiera compartirla pues, por el contrario, creo que puede ayudarnos a comprender el valor auténtico de la vida y del amor, que no tiene relación con el tiempo ni con la trascendencia de lo vivido.

Tras un parto complicado, la niña nació muerta, pero se la reanimó durante 20 minutos y se la conectó a un respirador. “A partir de ese momento todo fue tristeza", dijo la madre, Selva. Como no respondía a  ningún estímulo, llenos de amor y esperanzas  la sometieron a diferentes tratamientos de estimulación, pero jamás logró recuperar ninguna función. No oía, no sentía, no hablaba, no se movía ni tenía conciencia, hasta que le declararon "estado vegetativo permanente", y comienza para los padres un proceso en el que deben definir qué tipo de “vida” está teniendo su hija, sólo sostenida por soportes de vida artificiales (que la proveen de alimento, agua y aire) y cómo deben actuar, queriéndola como la quieren.

La madre confesó en una entrevista que, alentada por

domingo, 28 de abril de 2013

El dolor no tiene bandera, ni raza, ni color


El otro día estuve viendo las estadísticas de este blog, y encontré que tiene visitas registradas de muchos países que no imaginé siquiera, principalmente de México (6982), España (3432), Argentina (2651), Colombia (2390), Chile (2093), Estados Unidos (1959), Perú (1801), Venezuela (1348), Ecuador (977), y Guatemala (272).
Al ver esto me invadió una sensación de hermandad muy grande, una ligazón con hombres y mujeres de
todas partes, que nos hemos unido en el momento más difícil: el de perder a un hijo.
Creo que de eso se trata, de pasar por encima de la geografía, la economía, la política y todo lo demás, y unirnos para darnos fuerza, para compartir nuestras experiencias y ayudar a otra persona que las pueda necesitar esa mirada humana, comprensiva, de quien ya pasó lo que otro está pasando en ese momento, y ....sobrevivió.
Cuando yo atravesé los peores momentos de mi vida, cuando murió mi hijita, sentía que los demás me daban palabras de aliento con muy buena intención pero que no sabían de lo que hablaban. Aquí sí lo sabemos, y por eso te escuchamos y te comprendemos.
Gracias por visitar este sitio, que no es un espacio para el dolor, sino, todo lo contrario,es una cadena de fe, de esperanza  y de solidaridad humana.
Un abrazo fuerte,

Luzma

miércoles, 3 de abril de 2013

Seamos instrumentos de consuelo en el dolor

Uno de los grandes cuestionamientos que mucha gente realiza cuando ve a un padre o madre que ha perdido un hijo, y aún no supera la pérdida, es: "¿Cuánto tiempo va a estar así?"
Desde mi experiencia, el tema no debiera ser el tiempo, sino lo que se busca alcanzar al cabo de ese tiempo.
El proceso de luto y duelo es un período que permite a los sobrevivientes adaptarse a la pérdida del ser querido. De ese proceso he publicado anteriormente, de modo especial en http://sobreviviendoanuestroshijos.blogspot.com/2013/03/la-necesidad-de-encontrar-un-camino-el.html, y las etapas ahí indicadas se verifican una y otra vez, con muy pocas excepciones, sin embargo, a veces las cosas se desarrollan de manera distinta los  porque que sufrimos no sólo no colaboramos, sino que jugamos a favor del dolor. Por ello es importante ser conscientes de qué es lo que esperamos, preguntarnos ¿qué es lo que YO quiero encontrar, al final de

viernes, 21 de diciembre de 2012

¿Cómo vivir la Navidad cuando sufres por el hijo que perdiste?

Hay mujeres que por alguna razón pueden superar más rápidamente la muerte de un  hijo, pero para otras, la pérdida de un hijo pequeño, más aún un bebé o recién nacido, la época de  Navidad puede no ser un tiempo de alegría y entusiasmo, sino todo lo contrario, un momento que aviva el dolor, en lugar de brindar consuelo. Al menos esa fue mi experiencia.

Por dos años, los villancicos que hablaban del "Niño en la cuna" y de la alegría por el "nacimiento del Salvador",  me llenaban de rabia pues me sentía vacía de amor, y todo me parecía falso, ajeno. El gozo de la Virgen me parecía horrible, porque mi sufrimiento no cedía y la idea de la unión familiar me parecía vacía y sin sentido. Todo me sonaba a mentira, a farsa, porque mi corazón seguía destrozado. Reconozco que odié con todas mis fuerzas los adornos, los nacimientos (belenes), los preparativos y toda la fiesta navideña. De hecho el primer año no hice absolutamente nada navideño en mi hogar y el segundo, a regañadientes, le pedí a mi hija pequeña que pusiera algo ella, porque yo no estaba de humor para nada de eso.

En eso estaba, cuando el mismo 24 viví  una experiencia que resulta demasiado extensa para relatar, pero que me hizo aprender dos cosas:
  1. Pese a toda mi ira y mi dolor, yo seguía siendo cristiana, me gustara o no, y que el nacimiento de Jesús, el Hijo del Dios, era más importante que mi pena, aunque pareciera insensato decirlo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Compartiendo el dolor, la esperanza y el amor


El pasado 27 recordamos 13 años desde que nuestra pequeña belleza se fue luego de sólo 12 días de estar entre nosotros. En ese breve tiempo nos dejó su dulzura y su ternura, y quedamos con ella en una deuda impagable que llevaremos hasta el día en que nos volvamos a ver.

En la misa y en el cementerio, dejándole una flores, pensaba cómo fue que logré sobrevivir. Contra lo que suelo hacer, ese día recordé cómo me sentía al principio, ese vacío hondo y oscuro en el que creía caer sin fin, ese no ser comprendida por nadie, ese querer morirte como única vía para dejar de sufrir.

Y aquí estoy. Con una nueva pequeña ya de 11 y un matrimonio que si bien sufrió en el proceso hoy sigue a pie firme su camino.

¿Qué hicimos? Nada que tú o alguien que esté sufriendo lo mismo no pueda hacer: darse tiempo, permitirse el dolor y el proceso de sufrirlo, abrir las puertas a la fe y a la ayuda de quienes tienen la capacidad para darla, y confiar en que en el plan de Dios todo tendrá sentido un día... No hay dolor más grande en la vida, pero también es la oportunidad más grande que tenemos para decirle a Dios: "gracias por lo que me diste y por lo que hoy me das". Sé que algún día nos contestará.

Un abrazo fuerte para todas las madres que sufren o han sufrido una pérdida como ésta. Estamos unidas, no en el dolor, sino en el amor.

martes, 19 de octubre de 2010

Caminando hacia la paz

En blogs y portales que tratan el tema de la pérdida de un hijo, se reciben comentarios muy diversos de cómo se siente una madre cuando pasa por ese trance. Son palabras verdaderamente desconsoladoras, como es natural, y cada una relata cómo su mundo se derrumbó, de manera particular, pues las personas somos diferentes y vivimos las mismas experiencias de forma distinta según nuestras costumbres, circunstancias y credo, especialmente. 
Mi vivencia es única como la de todos lo es, y si mi esposo y yo salimos adelante, lo bien o mal que lo hayamos hecho fue fruto de múltiples factores, pero en parte por la ayuda que mucha gente me ofreció su mano, su palabra, su aliento. Cuando pienso en ello y leo los comentarios que mas mujeres publican en la red, veo que  aunque las realidades puedan ser un poco distintas existen algunas imágenes comunes, cierta forma de expresar un dolor tan, pero tan profundo, que nos remiten a algunos aspectos que podríamos compartir y aprender algo de ellos. Y por eso tomaré algunas para compartirlas y comentarlas.
Leo, por ejemplo, “una madre que pierde a un hijo queda muerta en vida, se queda con los brazos vacíos y con el vientre hueco, sin nada, si tiene más hijos vive por ellos pero sin ganas, con el tiempo, con los años empieza a aminorar ese dolor y como dices a sonreír otra vez y empiezan a nacer ilusiones otra vez, pero esa herida queda en lo más profundo de tu alma, un dolor que solo morirá contigo”. Y es así, en realidad, el dolor no es algo que pasa poco a poco en un tiempo más o menos corto, como pasa en otras pérdidas (de un padre, hermano, abuelo, etc.), muchas veces se reanuda la vida pero… a medias. No siempre las mujeres tienen la capacidad de reiniciar la vida y volver a enfrentarla con valor y disfrutarla con alegría. En algunos casos el rencor contra alguien o algo que fue determinante en la pérdida (por un tema de responsabilidad en el fallecimiento, por ejemplo) no permite pasar a otra etapa, por lo que podríamos sacar una primera recomendación: PERDÓN.
Si hay algo que resolver o gestionar (una responsabilidad culposa o criminal, por ejemplo) pues deberá hacerse, pero sin que el corazón se estanque en la cólera y el odio, pues el espíritu de tu hijo, que está vivo, no querría a una madre o un padre consumiéndose en sentimientos negativos, con amargura y agresividad en su corazón, y nada bueno sacarás del enfrentamiento, del rencor, de la ira que busca una venganza que sabemos, es inútil.
Otra mujer escribe que “se queda balbuceando las canciones de cuna que ya no encuentran eco en los oídos de su hijo amado, no importa a qué edad se les haya ido, es su hijo y ya no lo tiene. Y así nos quedamos tratando de encontrar repuestas al porqué de las cosas. No importa cuanto se diga, cuanto se estudie o investigue acerca de la muerte y sus efectos, ninguno nos puede asegurar o garantizar cuanto tiempo estaremos en ese estado de confusión, rabia e impotencia. El dolor no nos permite vislumbrar ni remotamente la posibilidad de encontrar alivio”. Y yo recuerdo cuando junto a mi esposo íbamos de un especialista a otro buscando comprender cómo pudo morir una bebé que estaba perfecta durante todo su desarrollo prenatal. Y no importaba lo que nos dijeran, nada era suficiente. Y nunca nada lo será, porque nada variará la realidad. En este caso, la recomendación sería: ACEPTACIÓN.
Si puedes aceptar que no todo tiene una respuesta podrás entender que sólo estás martirizándote inútilmente, pues por más que te aflijas y llores nada cambiará, sólo llenarás tu alma de pena y postergarás la posibilidad de aprender a vivir siendo aún madre/padre de tu niño aunque no lo veas contigo.
Un tema que hace una gran diferencia es la fe que se profese o la falta de ella. Cuando leemos “quiero que sepas que tu hija no está muerta, ella vive con Jesús en el cielo, ahí te está esperando donde se reunirán para siempre, mientras llega tu tiempo tienes que vivir hasta que Dios lo disponga así” veo a una persona que encontró consuelo en su fe y eso es algo maravilloso, porque tuvo algo que difícilmente se puede conseguir: ESPERANZA.
Las personas que creen en un mundo después de éste, en la forma que sea, tienen el consuelo de un mañana, de una nueva oportunidad. Yo creo en Dios y en su promesa de Vida Eterna, y creo que mi bebé está conmigo aquí, pues Dios no está lejos (en un “cielo”) sino entre todos los que le aman. Eso me ha dado fortaleza y nos permitió volver a vivir, teníamos una esperanza concreta, pero pienso que para quienes no creen, debe ser muy difícil porque se quedan sólo con un recuerdo y nada más.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

María Laura nació hace doce años

María Laura en brazos de su padre,
siete días aproximadamente.
Hoy mi hija María Laura hubiera cumplido doce años.
La vida hizo que sólo pudiera tenerla doce días. Intensos y preciosos... pero son tan poco doce días...!

Pero ya no lloro. Creo haber llorado tanto los primeros años que pensé que ya nunca podría llorar otra vez, pero no fue así. Sólo aprendí a vivir con la pena y a sentirla muy dentro de mi corazón sin que mis ojos se inunden, mi garganta se cierre y nada pueda detener las lágrimas que se agolpaban entre mis párpados y el corazón.

Muchas veces pienso qué hubiera pasado de ser otro el destino... cómo luciría hoy....aún en contra del profesor de historia que me enseñó que "nunca es buen negocio pensar en la historia de lo que pudo ser y no fue". pero al poco me controlo y trato de no pensar, mejor dicho, de no volver al martirio del sufrimiento vano, absurdo.

Repaso las pocas fotos que tengo de ella (pues pensé que tendría toda la vida para tomarle más) y siento que tanto amor tiene que encontrar un día su destino. Pienso en ella con amor infinito y con una tristeza sorda... casi transparente. Como esas cosas que tenemos sin saber por qué pero incapaces de deshacernos de ellas.

Trataré de huir de la nostalgia y volcar ese amor en mis hijos, mi familia... un año más.

jueves, 22 de julio de 2010

Donde se encuentran la Fe y la Esperanza

El día de ayer, durante una reunión de padres que preparamos a nuestros hijos para recibir la Primera
Comunión,  se realizó una lectura de reflexión sobre nuestra fe en Dios y los momentos en los que las circunstancias la ponen a prueba. Me tocó en suerte dar mi opinión y sin querer tuve que regresar al momento en que mi hija murió y cómo lo afrontamos mi esposo y yo.

Debo decir que han pasado muchos años y  he vivido muchas experiencias que me hacen creer que lo he superado en gran medida y ahora puedo vivir de una forma más positiva con ello, pero igual me fue difícil tomar la palabra y compartir el tema. Cada vez que la circunstancia me hace compartir le hecho con otras personas mi primera reacción es hablar de modo que nada pueda sr mal interpretado y que a la vez puedan tener una idea de lo que significó para nosotros. Y es muy difícil. Parece que algo dentro de mí me dijera que debo hacerlo con la mayor delicadeza pues de otro modo algo se quiebra dentro de mí. Es como tener un jarrón extremadamente fino guardado en una vitrina especial, pero de pronto debes sacarlo y llevarlo a otro sitio y luego guardarlo de nuevo, y entonces todas las precauciones son pocas para caminar con él entre manos.

martes, 13 de julio de 2010

Cosas que jamás se deben decir a quien perdió un bebé en el embarazo

Aunque ya he publicado algo de esto en un post anterior (Cuando no sabemos qué hacer, qué decirle a los padres... Cómo dar las condolencias), quiero compartir  con todos un extracto del artículo publicado en http://sinsiquieraconocernos.blogspot.com/2010/04/que-no-decir-quienes-perdieron-un.html#comment-form, blog de una joven mujer ecuatoriana, Paz, pues creo que es absolutamente adecuado a la experiencia de la mayoría de personas que pasan por la triste y dolorosa experiencia de perder a un bebé no nacido. 
Creo que sus consejos son también aplicables en los casos en que que murió un bebé de pocos días.

Que NO decir a quienes perdieron un embarazo
Este post se refiere únicamente a madres que perdieron un embarazo, no a madres que perdieron un hijo ya nacido. No me malinterpreten, cualquier tipo de pérdida es igual de importante, pero este post va para las que perdieron un embarazo porque parece ser que la sociedad desvaloriza la pérdida de un embarazo, piensan que como el bebé nunca llegó a nacer es menos importante, y por ello tienen comentarios en donde se resta importancia al sufrimiento de perder un embarazo. Nunca faltan las personas con comentarios que en vez de hacernos sentir mejor nos ponen peor, sé muchos no lo hacen con mala intención, por eso decidí escribir este blog, para que sepan lo que NO se debe decir:

  • Fue para mejor (¿cómo puede ser la pérdida de un hijo algo "bueno"?)

viernes, 9 de julio de 2010

Esperando el reencuentro


En un blog argentino (Seguir viviendo sin vos), he encontrado una frase que no había leído antes. Si fuésemos capaces de saber cuándo y dónde volveremos a encontrarnos de nuevo, nuestra despedida sería más tierna.  Y es totalmente cierto.

Probablemente lo más terrible de la muerte de alguien que amamos  es la noción de la separación definitiva, terminal, que nos deja impotentes para hacer nada, un último beso, un último gesto, una última sonrisa. El saber que nunca más... es lo que nos rompe el alma. Como dice Serrat en una canción:... "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio".

Y por eso quienes tenemos fe en una vida posterior (sea cual sea tu religión) tenemos un consuelo, aunque sea sólo en una promesa. Pero creemos que ese día llegará, tarde lo que tarde.  Lo que no sé es cómo superaran esa separación quienes no creen en nada, sean ateos o agnósticos. No me lo imagino. debe ser un duelo lleno de desesperanza y soledad.

jueves, 8 de julio de 2010

Ser padres de un hijo que ya no está

Entre las muchas cosas que personas cercanas me dijeron para tratar de ayudarme a superar la muerte de mi pequeña bebé, recuerdo una de forma especial. Un sacerdote me dijo que aunque mi hija no estuviera conmigo, yo seguiría siendo su madre. Y esa es una idea que me cambió el panorama por completo. No eliminaba el dolor ni la angustia de la ausencia, pero me daba una dirección en la cual caminar: aprender a ser madre de una hija que no estaría conmigo, pero que seguía siendo mi hija. Y yo su madre.

Creo que eso es algo realmente importante, porque nos ayuda a enfocar nuestra atención en el vínculo más que en la pérdida  pero, más allá de lo efectivo que pueda resultar como recurso psicológico, nos permite mantener, de una manera saludable el lazo afectivo y vital. Y de esos lazos es que se nutre el corazón ¿no es así?

Cuando somos padres de un hijo que no está, lo mantenemos incorporado a

Cuando no sabemos qué hacer, qué decirle a los padres... (Cómo dar las condolencias)

Cuando pasé por la pérdida de mi hija, recibí muchas muestras de afecto y solidaridad, sin embargo, cunado las personas me daban las condolencias, algunas realmente me provocaban más tristeza que el consuelo que pretendían ofrecerme, en una medida muy superior de la que hubieran podido imaginar. La razón es que en ocasiones queremos que los demás resuelvan la situación, o la superen, como nosotros creemos que sería más adecuado... sin haber pasado por ella.

Claro que no es necesario haber estado embarazada para poder explicar cómo nace un niño o ser estrella de fútbol para poder dirigir al equipo, pero hay situaciones que son extremadamente "personales" y se basan en gran medida en nuestros sentimientos, por lo tanto quien jamás se ha acercado a esa situación puede ayudar poco con recomendaciones, que a veces pueden resultar  muy dolorosas.

Recuerdo que una de las cosas más horribles que escuché, de boca de una madre de familia, fue: "No te preocupes, trata de no pensar en ello, pasa la página y verás que pronto lo habrás olvidado".

Es un comentario bastante común y terriblemente duro y absurdo. ¿Puede una mujer olvidarse que tuvo un hijo? ¿Puede "pasar la página" y olvidar todo lo que lo esperó y lo amó en el tiempo que compartió con él, fueran años, meses o sólo unos pocos días? Es algo imposible. Y cuando me dijeron eso sólo me mordí los labios y traté que enfocarme en la buena intención de la persona más que en el contenido de sus palabras, pero me dolía demasiado pensar que alguien pretendiera que yo olvidara a mi preciosa bebé...a la cual, todo lo contrario, trataba de recordar como si cada momento fuera un precioso tesoro... y creo que sigue siendo así.

De otro lado están quienes como no saben qué hacer, mejor ni se acercan,