Cada visitante de este blog vive con una historia diferente y muy particular. Cada una atraviesa su situación de dolor y pérdida de distinto modo, pero en general hay dos grupos: los que creen que hay un mañana en que volverán a encontrarse con sus seres amados, y se reaniman un tanto para poder reinsertarse a la vida, y quienes se quedan únicamente con la sensación de perdida y de ausencia y se resisten al consuelo, lo que les dificulta tremendamente la recuperación.Ante esa situación, me pregunto: ¿si todos pudieran saber que la partida de sus hijos fue una experiencia dulce y llena de paz, no hallarían un consuelo para su sufrimiento que les permitiera recobrar el deseo de vivir?
Yo suelo compartir mi vivencia y lo que ella me enseñó, sin embargo hoy deseo brindarles un testimonio sumamente esperanzador, basado en un artículo, por demás interesante, que trata de temas ya expuestos antes y siempre controversiales: la vida y la muerte. Al final todo se reduce a una decisión y una actitud de fe: querer creer o no, pero la evidencia es algo a considerar.